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martes, 4 de octubre de 2011

Conciliar en el país de los sueños

Conciliación Real Ya
Esto de la conciliación es algo en lo que yo nunca me había parado a pensar demasiado. Me parecía que determinados horarios no eran muy compatibles con atender adecuadamente a los niños, pero ya sabemos cómo es esto, hasta que no te ves en el brete no entiendes realmente lo complejo que es.

En mi caso vi la luz al poco de nacer mi niño. Dedicada día y noche en una lactancia materna exclusiva, veía la vuelta al trabajo como una auténtica guillotina sobre mi cabeza. Sólo de pensar en la vuelta me entraban los siete males por el cuerpo. ¿Cómo iba a dejar a mi pequeñín en una guardería, en manos de extraños, sin el amor de su mamá y de su papá, si su teta para alimentarle, relajarle y calmarle, sin el calor y el amor de su familia? Mi hermana se había ofrecido para cuidarlo cuando yo me incorporara... ¿cómo podía permitirle semejante sacrificio, sabiendo que robaría tiempo de estudio y de trabajo para hacerlo?.

En seguida empecé a pensar en cómo alargar las miserables 16 semanas... que no cuatro meses. Y es que no es lo mismo, y cuando los números son tan pequeños, los matices son importantes. Si echamos cuentas, 4 meses son 122 días, mientras que 16 semanas son 112 días. Diez días de diferencia, semana y media, que se dice pronto.

Como decía, me puse a pensar el cómo alargarlo. Lo primero y evidente era tomar las vacaciones a continuación. Pero seguía siendo poco, muy poco. ¿Y las horas de lactancia? Agruparlas o no agruparlas, he ahí la cuestión. Mi primera opción fue agruparlas, pero pensandolo con más tranquilidad me di cuenta de que sólo serían 13 días más, que tampoco era ninguna maravilla, mientras que en mi caso esa horita en medio de la jornada laboral sí era operativa, pues trabajo a 5 minutos escasos a pie de donde vivo. Esa horita sería estupenda para visitar a mi niño a media mañana, poder mantener una buena lactancia y no tener que sacarme tanta leche, y que mi niño no se viera separado de mí tantas horas durante la mañana.

El siguiente paso me lo dió Carlos González a través de uno de sus libros (creo que fue Bésame Mucho): pedir una pequeña excedencia. Tras pensarlo y sopesarlo decidí pedir a mayores un mes de excedencia, a continuación de las vacaciones, para que al menos cuando me incorporara mi niño ya tuviera los 6 meses y hubiera más opciones de alimentación además de la leche.

Ahora faltaba lo más escabroso... la vuelta al trabajo. Si algo tuve claro desde el momento en que me quedé embarazada fue que no estaba dispuesta a estar todo el día sin ver a mi ninño, y mi horario de 9 a 2 y de 4 a 7 no daba opción a otra cosa. Tenía claro que quería una reducción de jornada, y tras pensarlo y repensarlo llegué a la conclusión de que lo mejor era dejarlo en 5 horas, de 9 a 2, con la hora de lactancia en el medio hasta los 9 meses.

Muy bien, ya lo tenía claro... sólo faltaba una cosilla sin importancia... ¿Qué pensaría mi jefe de todo esto? Evidentemente veía posibilidades de conseguir casi todo, tengo un jefe estupendo que se ha implicado muchísimo en la crianza de sus hijos, reduciendo sus horas en la oficina para poder antenderlos él, así que sabía que sería bastante comprensivo.. pero... ¿tanto?

Sinceramente, lo veía muy dificil. Me parecía que pedía mucho, teniendo en cuenta cómo están las cosas. Así que preparé mentalmente una y mil veces lo que le iba a decir, preparé un documento con mis peticiones, claro y estructurado, para que lo pudiera estudiar con calma despues de hablar con él. Y preparé tambien otro documento con alternativas, por si me decía que pedía demasiado, para que encontráramos un punto bueno para los dos.

Como podeis imaginar el día que fui a la oficina para hablar del tema me temblaban hasta las ideas. Y eso que tengo un trato muy cercano con mi jefe, sé que me tiene bien considerada y me aprecia... pero estaba convencida de que pedía mucho. Iba preparada para todo, con mil respuestas para sus posibles peros... pero hubo algo para lo que no estaba preparada.... la falta de objeciones. Le pareció genial, me dijo que sí a todo sin poner siquiera un poquito de mala cara, todo le pareció estupendo y comprensible. De hecho, me fuí de allí con la sensación de que él pensaba que le iba a pedir más, y que había sufrido con el tema inutilmente. Feliz, con la sensación de estar soñando, pues en ese momento no se me ocurria ninguna opción mejor (y factible) que la que había conseguido.

Y así fue; hasta los 6 meses disfruté de mi enano, me incorporé un 1 de septiembre a las 9 de la mañana, y a las 11:05 estaba en mi casa con mi pequeñín en la teta. A las 12:00 de vuelta en la oficina, y a las 14:00 pitando para casa. Así estuvimos hasta diciembre, que se me acabó la hora de lactancia, y pasé a hacer de 9 a 2 del tirón. Hasta hoy, y espero que por mucho tiempo.

Es triste lo culpable que me sentía por "pedir tanto", cuando en realidad ¡no es nada! Deberíamos tener derecho como muuuyy poco a estar con nuestros hijos hasta los 6 meses, aunque lo que a mí me gustaría sería tenerla hasta el año, y como opción hasta los 2 años rebajando paulatinamente el sueldo que se percibe... y tener reducciones de jornada que no signifiquen mermas en el poder adquisitivo de la familia. Pero más triste todavía es que haya muchas mamás y muchos papás que no tengan opción ni siquiera a lo que yo pude conseguir, porque sus jefes se lo deniegan. ¿Cómo es posible que esto aún suceda?

Tenemos que luchar por conseguirlo, porque el futuro de nuestros niños depende de ello. Por eso os invito a uniros a la página en Facebook ConciliacionRealYa , y a seguir en Twitter @Conciliacion_RY.

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