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miércoles, 25 de julio de 2012

Mi opinión sobre la ley del aborto: mucho por cambiar

Si os soy sincera, la actual ley del aborto, aprobada en el año 2010 por el gobierno del PSOE, me produjo desde el primer momento sentimientos encontrados.

Para empezar me pareció muy negativo el hecho de que una menor pudiera abortar con tanta libertad. Seamos sinceros, con la anterior ley de supuestos ya abortaba quien quería, bajo ese supuesto tan ambiguo del daño psicológico a la madre, con lo que esta nueva ley abría totalmente la puerta para el aborto en menores en cualquier circunstancia. Todos sabemos que pagando lo suficiente siempre hay alguien dispuesto a hacer lo que quieras y firmar lo que sea necesario.



No estoy en contra de la excepción que se introdujo, sino de la pésima articulación de la misma, pues considero que en este caso particular se hace imprescindible y obligatorio el apoyo psicológico a la joven que aborta, porque un aborto siempre es algo demoledor para una mujer, cuanto más en una menor.

Además creo que debería ser necesario un mayor control sobre los casos en los que se aplica ese supuesto a menores, para asegurar que verdaderamente sólo se use en los casos extremos contemplados.

Por otra parte, me gustó el cambio de una ley de supuestos a una ley de plazos, pues considero más coherente una ley de plazos que proteja por encima de todo la vida humana.

Para mí la vida de un bebé está por encima incluso de los deseos su madre, por lo que   considero que un bebé sano que podría sobrevivir fuera del vientre materno no debería ser de ningún modo abortable.

Ademas, cuando se habla de leyes de supuestos siempre se incluye el de "graves malformaciones", casi siempre alegando que se evita un sufrimiento al bebé. Pero lo cierto es que al bebé no se le ahorra nada, no hay más que leer la entrada de Ser madre, toda una aventura al respecto.  En tal caso se le ahorra a la familia, que tampoco, porque leyendo a Ibone Olza queda claro que es algo devastador para toda la familia y en especial para la mujer.



¿Cómo regular entonces algo tan complejo?

Considero que en la sociedad actual no tiene cabida la prohibición del aborto, nos guste o no es algo que está ahí y que en algunas ocasiones es necesario, por lo que lo que se debería buscar es una ley que garantice a las mujeres la posibilidad de abortar cuando sea necesario pero que tampoco sera una carta blanca que permita hacer cualquier cosa.

Bajo mi punto de vista, la opción más coherente y respetuosa con la vida sería una ley de plazos (algo similar a la actual) pero muy estricta en cuanto a los plazos, y que tan sólo tenga una excepción, que sería la de graves malformaciones, en la que no habría plazos; pero esto tendría que ir acompañado de muchos más cambios.

En primer lugar sería necesario regular la eutanasia, porque me parece un acto de cinismo enorme que se permita matar a un bebé para evitarle una vida llena de sufrimiento, pero no permitir a un adulto elegir su propia muerte por el mismo motivo.

En segundo lugar, regularía el aborto por eutanasia, que sólo permitiría en caso de malformaciones incompatibles con la vida o gravemente invalidantes, en el que se debería asegurar por encima de todo una muerte digna y sin sufrimiento para el bebé, cosa que ahora mismo ni se plantea, y si estamos hablando de evitar sufrimiento a un bebé de nuevo me parece un acto de cinismo que no se tenga en cuenta el sufrimiento que pueda producirle ese aborto.

 En tercer lugar me parece imprescindible prestar apoyo psicologico a la familia durante todo el proceso, cosa que tampoco existe, y durante el tiempo necesario, pues dudo que sea un proceso corto.

Por último, me gustaría apuntar que cuando hablo de graves malformaciones no me refiero en absoluto a casos como el síndrome de down. Desconozco el resto de patologías que se incluyen, por lo que no voy a opinar sobre si deben incluírse o no, pero esta en concreto me parece una aberración que se siga metiendo en el pack de las "graves malformaciones incompatibles con la vida", porque está muy lejos de la realidad actual de las personas con este síndrome, y quien quiera informarse no tiene más que buscar la página web de una asociación de Síndrome de Down, o, mejor aún, pasarse por la que tenga más cerca y trabajar como voluntario unos días. Estoy segura de que os aportaría muchísimo.

Edito para añadir enlace a la última entrada de Ibone Olza, que me parece que aporta mucho al debate: Obligar al sufrimiento 

lunes, 23 de julio de 2012

Los padres que elegimos ser

foto de freedigitalphotos.net
A menudo, cuando se habla de educación y de crianza y de cómo se actua o se ha actuado, de si se "hace bien o mal",  sale a relucir la frase "lo hacemos lo mejor que podemos". Personalmente no estoy de acuerdo con esta afirmación, que me parece más bien una excusa bajo  la que esconder toda clase de comportamientos. Creo más bien que lo hacemos lo mejor que queremos.



Y es que la crianza de un hijo no deja de ser una forma de relación, y, como en toda relación, decidimos, de un modo consciente o inconsciente, cuánto de nosotros mismos estamos dispuestos a dar.

Desde la primera vez que tomamos al bebé en nuestros brazos, sin que seamos conscientes de ello, estamos sentando las bases de la relación con nuestros hijos. Cada pequeña decisión que tomamos, dejar llorar o no, luchar un poco más por el pecho o rendirnos al biberón, acompañar en el sueño o obligar a aprender rutinas, respetar ritmos o marcarlos, lleva pareja consigo connotaciones emocionales y acotaciones de nuestros límites. Decidimos cuánto vamos a dar de nosotros mismos a menudo sin ser conscientes de estar tomando tal decisión, pero la realidad es que cada paso que damos es un nuevo trazo en el mapa de la relación que tendremos con nuestros hijos.

Por desgracia es algo de lo que muchas veces no nos damos ni cuenta, pero quizás si nos paráramos a analizar cada movimiento, cada llanto no atendido, cada voz más alta, cada muestra de compresión no requerida, cada sonrisa... seríamos capaces de marcar la hoja de ruta de esa relación de cara al futuro.

Quien más y quien menos tiene carencias en la relación con sus padres o hermanos; ¿no creéis que si nos sentáramos a analizar esas relaciones, acabaríamos encontrando los escollos que las fueron minando?.

¿Por qué no anticiparnos con nuestros hijos? ¿Por qué no pararnos a pensar si lo que estamos haciendo es realmente lo que queremos hacer?¿Por qué no preguntarnos si el camino que hemos elegido nos lleva a la relación que nos gustaría tener?

¿Sabemos realmente los padres que hemos elegido ser?

¿Somos realmente los padres que nos gustaría ser?