lunes, 24 de octubre de 2011
domingo, 23 de octubre de 2011
La chica del coche (III)
Llegué a la plaza un poco antes de las 6. Estaba nerviosa, temía que no apareciera, o que su situación fuera peor de lo que yo imaginaba. Sin embargo, tardó pocos minutos en aparecer, caminando tranquila y segura, con mi nota en la mano. Cualquier persona que la viera no podría imaginar su situación; su ropa, su aspecto, su rostro... no es el que uno suele ver en una persona sin hogar.
Comencé a andar hacia ella. Me miró, le sonreí. Me enseñó la nota.
- ¿Me la has escrito tú?
- Si
- Sólo he venido a darte las gracias, no necesito nada, de verdad que estoy bien, pero me ha parecido tan bonito, me ha emocionado tanto, que tenía que venir a darte las gracias. Esta nota la guardaré el resto de mi vida. Si duermo ahí es para ahorrar dinero y mandárselo a mi hijo, pero no te voy a engañar, dinero no me falta.
Y me contó su historia, la historia de una mujer que vivía en una gran ciudad, con sus estudios, su trabajo, su casa, su niño, y su marido... con una buena posición, cosa que me resulta creíble por su forma de hablar y expresarse, y porque el coche en el que vive es un coche pequeño pero de gama alta.... La historia de un mal marido que le dio mala vida, una vida que le dio muchas patadas, y que le hizo acabar sin casa, sin trabajo y sin nada más que su coche y su niño.
Un hijo que está en un colegio interno, gracias a una beca y al dinero que ella va ganando, y una madre que se gana la vida haciendo artesanía, vendiéndola en puestecillos improvisados en la calle, y que ahorra todo el dinero que puede para enviárselo a su niño y que él lleve una buena vida. Y que duerme una que cada muchas noches en una pensión para poder lavar su ropa y que no se note que vive en un coche. Que sueña con encontrar un piso baratito para alquilar y poder vivir en él, recuperar una "vida normal", volver a tener un trabajo, y poder tener a su hijo con ella. Una madre que no pide ayuda por miedo a que le quiten a su hijo aún menor, que prefiere dormir en el coche a pedir ayuda a servicio sociales y arriesgarse a que su hijo acabe en un centro de menores.
Me juró y perjuró que no necesitaba nada, que de vez en cuando y especialmente cuando venía mucho frío dormía en una pensión, que con sus cosillas iba sacando dinero, pero que prefería ahorrar el máximo de dinero para su hijo, que ya estaba acostumbrada a esa situación y hacía tiempo que no lo pasaba mal.
No se si volveré a saber de ella, porque según me dijo pensaba marcharse estos días a otro sitio donde esperaba vender lo suficiente como para poder ir a ver a su hijo y llevarle más dinero, y luego volver para aquí, con la idea de establecerse y si las ventas acompañan alquilar un piso baratillo.
Como digo, no se si sucederá, pero me encantaría volver a encontrármela algún día y que me dijera que, por fin, la vida le sonríe un poquito.
Comencé a andar hacia ella. Me miró, le sonreí. Me enseñó la nota.
- ¿Me la has escrito tú?
- Si
- Sólo he venido a darte las gracias, no necesito nada, de verdad que estoy bien, pero me ha parecido tan bonito, me ha emocionado tanto, que tenía que venir a darte las gracias. Esta nota la guardaré el resto de mi vida. Si duermo ahí es para ahorrar dinero y mandárselo a mi hijo, pero no te voy a engañar, dinero no me falta.
Y me contó su historia, la historia de una mujer que vivía en una gran ciudad, con sus estudios, su trabajo, su casa, su niño, y su marido... con una buena posición, cosa que me resulta creíble por su forma de hablar y expresarse, y porque el coche en el que vive es un coche pequeño pero de gama alta.... La historia de un mal marido que le dio mala vida, una vida que le dio muchas patadas, y que le hizo acabar sin casa, sin trabajo y sin nada más que su coche y su niño.
Un hijo que está en un colegio interno, gracias a una beca y al dinero que ella va ganando, y una madre que se gana la vida haciendo artesanía, vendiéndola en puestecillos improvisados en la calle, y que ahorra todo el dinero que puede para enviárselo a su niño y que él lleve una buena vida. Y que duerme una que cada muchas noches en una pensión para poder lavar su ropa y que no se note que vive en un coche. Que sueña con encontrar un piso baratito para alquilar y poder vivir en él, recuperar una "vida normal", volver a tener un trabajo, y poder tener a su hijo con ella. Una madre que no pide ayuda por miedo a que le quiten a su hijo aún menor, que prefiere dormir en el coche a pedir ayuda a servicio sociales y arriesgarse a que su hijo acabe en un centro de menores.
Me juró y perjuró que no necesitaba nada, que de vez en cuando y especialmente cuando venía mucho frío dormía en una pensión, que con sus cosillas iba sacando dinero, pero que prefería ahorrar el máximo de dinero para su hijo, que ya estaba acostumbrada a esa situación y hacía tiempo que no lo pasaba mal.
No se si volveré a saber de ella, porque según me dijo pensaba marcharse estos días a otro sitio donde esperaba vender lo suficiente como para poder ir a ver a su hijo y llevarle más dinero, y luego volver para aquí, con la idea de establecerse y si las ventas acompañan alquilar un piso baratillo.
Como digo, no se si sucederá, pero me encantaría volver a encontrármela algún día y que me dijera que, por fin, la vida le sonríe un poquito.
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sábado, 22 de octubre de 2011
La chica del coche (II)
Cuando me desperté por la mañana mi primer pensamiento, tras besar a mi niño, fue para ella. La habitación estaba fría, así que por un segundo traté de imaginar el frío que habría pasado esa noche...
Camino al trabajo traté de comprobar si estaba en el coche, pero la helada nocturna empañaba los cristales, así que no pude salir de dudas. Eso me intranquilizó más, una noche tan fría tras tantos días de calor puede ser muy traicionera.
Contacté con el ayuntamiento, y una chica muy amable me explicó los pasos que ella debía seguir si quería dormir en el albergue municipal. También me explicó que Cruz Roja tenía un grupo de apoyo a indigentes, y me pidió su ubicación, para contactar con ellos y explicarle su caso.
Durante la mañana mis compañeros la vieron salir del coche, y ya no la vieron volver.
Cuando salí del trabajo me dirigí a su coche. Llevaba una nota preparada, por si ella no estaba, como así sucedió. No sabía si el grupo de la Cruz Roja había contactado con ella, tampoco sabía si ella quería ayuda institucional, así que preferí no esperar más. Dejé la nota enganchada en la manilla del coche, y me fuí a buscar a mi niño pensando que ojalá a nadie se le ocurriera la estupidez de quitarla, o a ella tirarla sin mirarla.
En la nota, un mensaje:
¿Necesitas ayuda? Nos gustaría intentar ayudarte, si quieres ven a la plaza mañana a las 6, ¡algo podremos hacer! :)
En mi cabeza, un pensamiento: "Por favor, que lo lea, y que acepte...".
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jueves, 20 de octubre de 2011
La chica del coche
Ayer mis compañeros se dieron cuenta de que hay una chica durmiendo en un coche justo enfrente de nuestra oficina. Cuando, desde nuestra ventana, me enseñaron el coche en el que duerme, me quedé blanca. Ese coche lleva ahí por lo menos una semana, de hecho dudamos si no llevará más.
Al salir de trabajar me he acercado pero la chica no estaba dentro, tampoco la he visto por los alrededores, así que no he podido averiguar nada. Pero el malestar se ha instalado en mí, me parece increíble que en un "pueblo grande" como éste donde yo vivo una chica esté durmiendo en un coche tanto tiempo y nadie se dé cuenta. Y lo que me parecería más terrible es que siguiera ahí sin que nadie le ofreciera su ayuda. ¿En qué clase de personas nos estamos convirtiendo? ¿Qué clase de sociedad estamos dejando a nuestros hijos?
Mañana intentaré hablar con ella y averiguar si la puedo ayudar en algo. No es mucho lo que puedo ofrecerle, tampoco se si quiere o está dispuesta a que le ayuden, pero me sentiría mala persona si no le tendiera mi mano.
Esta noche, por lo pronto, no se si podré dormir pensando que mientras yo estoy tan calentita en mi cama, con mi nórdico y mi chico dándome calorcito, ella está ahí fuera, durmiendo en un coche... con los frías que son las noches por estas tierras.
Al salir de trabajar me he acercado pero la chica no estaba dentro, tampoco la he visto por los alrededores, así que no he podido averiguar nada. Pero el malestar se ha instalado en mí, me parece increíble que en un "pueblo grande" como éste donde yo vivo una chica esté durmiendo en un coche tanto tiempo y nadie se dé cuenta. Y lo que me parecería más terrible es que siguiera ahí sin que nadie le ofreciera su ayuda. ¿En qué clase de personas nos estamos convirtiendo? ¿Qué clase de sociedad estamos dejando a nuestros hijos?
Mañana intentaré hablar con ella y averiguar si la puedo ayudar en algo. No es mucho lo que puedo ofrecerle, tampoco se si quiere o está dispuesta a que le ayuden, pero me sentiría mala persona si no le tendiera mi mano.
Esta noche, por lo pronto, no se si podré dormir pensando que mientras yo estoy tan calentita en mi cama, con mi nórdico y mi chico dándome calorcito, ella está ahí fuera, durmiendo en un coche... con los frías que son las noches por estas tierras.
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martes, 18 de octubre de 2011
Una de cumpleaños
Con la incorporación de mi niño a la guardería hemos entrado en la dinámica de los eventos... comenzando con los cumpleaños. No ha sido una fiesta, sino las famosas bolsas de chuches. Ya es la tercera vez que mi bichito viene de la guardería con una de esas bolsitas. Las dos anteriores me parecieron muy acertadas, pero en esta ocasión al ver el contenido me he quedado anonadada. No perdáis detalle:
Una gominola
Un sugus
Una mariquita de chocolate
Un palotes
Un paquete de escalofrios
Un chupa chups
Un lolipop
Una bolsa de gusanitos
Una bolsa de monchitos....
... y un globo
¡Todo esto para un niño de año y medio! Sinceramente, me parece ya no una exageración, sino una sandez. Dos tipos de "chupa", dos "bolsas de", y cinco tipos distintos de "caramelos". Para un niño, repito, de año y medio. ¿Qué enviarán cuando el crío tenga diez años?. En las ocasiones anteriores la bolsita consistía en unos gusanitos, un chupa o piruleta, un globo y algún caramelo si acaso... mucho más acertado y más que suficiente para críos tan pequeñitos, ¿no creéis?
Espero que no cunda el ejemplo...
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martes, 4 de octubre de 2011
Queremos criar a nuestros hijos!! #ConciliacionRealYa
Es nuestra responsabilidad exigir a los políticos que nos dejen criar a nuestros hijos. No nos vamos a callar más, no vamos a continuar esclavizadas y resignadas, a partir de ahora nos van escuchar, alto y claro. No queremos más guarderías, no queremos ir a trabajar más contentas, queremos poder elegir criarlos nosotras mismas. Por SU futuro, es su derecho.
Conciliación Real Ya en facebook
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Conciliar en el país de los sueños
Esto de la conciliación es algo en lo que yo nunca me había parado a pensar demasiado. Me parecía que determinados horarios no eran muy compatibles con atender adecuadamente a los niños, pero ya sabemos cómo es esto, hasta que no te ves en el brete no entiendes realmente lo complejo que es.
En mi caso vi la luz al poco de nacer mi niño. Dedicada día y noche en una lactancia materna exclusiva, veía la vuelta al trabajo como una auténtica guillotina sobre mi cabeza. Sólo de pensar en la vuelta me entraban los siete males por el cuerpo. ¿Cómo iba a dejar a mi pequeñín en una guardería, en manos de extraños, sin el amor de su mamá y de su papá, si su teta para alimentarle, relajarle y calmarle, sin el calor y el amor de su familia? Mi hermana se había ofrecido para cuidarlo cuando yo me incorporara... ¿cómo podía permitirle semejante sacrificio, sabiendo que robaría tiempo de estudio y de trabajo para hacerlo?.
En seguida empecé a pensar en cómo alargar las miserables 16 semanas... que no cuatro meses. Y es que no es lo mismo, y cuando los números son tan pequeños, los matices son importantes. Si echamos cuentas, 4 meses son 122 días, mientras que 16 semanas son 112 días. Diez días de diferencia, semana y media, que se dice pronto.
Como decía, me puse a pensar el cómo alargarlo. Lo primero y evidente era tomar las vacaciones a continuación. Pero seguía siendo poco, muy poco. ¿Y las horas de lactancia? Agruparlas o no agruparlas, he ahí la cuestión. Mi primera opción fue agruparlas, pero pensandolo con más tranquilidad me di cuenta de que sólo serían 13 días más, que tampoco era ninguna maravilla, mientras que en mi caso esa horita en medio de la jornada laboral sí era operativa, pues trabajo a 5 minutos escasos a pie de donde vivo. Esa horita sería estupenda para visitar a mi niño a media mañana, poder mantener una buena lactancia y no tener que sacarme tanta leche, y que mi niño no se viera separado de mí tantas horas durante la mañana.
El siguiente paso me lo dió Carlos González a través de uno de sus libros (creo que fue Bésame Mucho): pedir una pequeña excedencia. Tras pensarlo y sopesarlo decidí pedir a mayores un mes de excedencia, a continuación de las vacaciones, para que al menos cuando me incorporara mi niño ya tuviera los 6 meses y hubiera más opciones de alimentación además de la leche.
Ahora faltaba lo más escabroso... la vuelta al trabajo. Si algo tuve claro desde el momento en que me quedé embarazada fue que no estaba dispuesta a estar todo el día sin ver a mi ninño, y mi horario de 9 a 2 y de 4 a 7 no daba opción a otra cosa. Tenía claro que quería una reducción de jornada, y tras pensarlo y repensarlo llegué a la conclusión de que lo mejor era dejarlo en 5 horas, de 9 a 2, con la hora de lactancia en el medio hasta los 9 meses.
Muy bien, ya lo tenía claro... sólo faltaba una cosilla sin importancia... ¿Qué pensaría mi jefe de todo esto? Evidentemente veía posibilidades de conseguir casi todo, tengo un jefe estupendo que se ha implicado muchísimo en la crianza de sus hijos, reduciendo sus horas en la oficina para poder antenderlos él, así que sabía que sería bastante comprensivo.. pero... ¿tanto?
Sinceramente, lo veía muy dificil. Me parecía que pedía mucho, teniendo en cuenta cómo están las cosas. Así que preparé mentalmente una y mil veces lo que le iba a decir, preparé un documento con mis peticiones, claro y estructurado, para que lo pudiera estudiar con calma despues de hablar con él. Y preparé tambien otro documento con alternativas, por si me decía que pedía demasiado, para que encontráramos un punto bueno para los dos.
Como podeis imaginar el día que fui a la oficina para hablar del tema me temblaban hasta las ideas. Y eso que tengo un trato muy cercano con mi jefe, sé que me tiene bien considerada y me aprecia... pero estaba convencida de que pedía mucho. Iba preparada para todo, con mil respuestas para sus posibles peros... pero hubo algo para lo que no estaba preparada.... la falta de objeciones. Le pareció genial, me dijo que sí a todo sin poner siquiera un poquito de mala cara, todo le pareció estupendo y comprensible. De hecho, me fuí de allí con la sensación de que él pensaba que le iba a pedir más, y que había sufrido con el tema inutilmente. Feliz, con la sensación de estar soñando, pues en ese momento no se me ocurria ninguna opción mejor (y factible) que la que había conseguido.
Y así fue; hasta los 6 meses disfruté de mi enano, me incorporé un 1 de septiembre a las 9 de la mañana, y a las 11:05 estaba en mi casa con mi pequeñín en la teta. A las 12:00 de vuelta en la oficina, y a las 14:00 pitando para casa. Así estuvimos hasta diciembre, que se me acabó la hora de lactancia, y pasé a hacer de 9 a 2 del tirón. Hasta hoy, y espero que por mucho tiempo.
Es triste lo culpable que me sentía por "pedir tanto", cuando en realidad ¡no es nada! Deberíamos tener derecho como muuuyy poco a estar con nuestros hijos hasta los 6 meses, aunque lo que a mí me gustaría sería tenerla hasta el año, y como opción hasta los 2 años rebajando paulatinamente el sueldo que se percibe... y tener reducciones de jornada que no signifiquen mermas en el poder adquisitivo de la familia. Pero más triste todavía es que haya muchas mamás y muchos papás que no tengan opción ni siquiera a lo que yo pude conseguir, porque sus jefes se lo deniegan. ¿Cómo es posible que esto aún suceda?
Tenemos que luchar por conseguirlo, porque el futuro de nuestros niños depende de ello. Por eso os invito a uniros a la página en Facebook ConciliacionRealYa , y a seguir en Twitter @Conciliacion_RY.
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