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domingo, 13 de mayo de 2012

Historias de la teta: La historia de diminuka

Mi historia con la lactancia materna comienza un caluroso 27 de julio de 2007 cuando nació mi hija. Quizá en mi cabeza comenzó antes ya que vi amamantar a mi hermana; nueve años menor que yo, durante tres años.

Mi parto fue duro, 17 horas y media casi sin dormir. Nos subieron a la habitación sobre las diez y media de la noche. No recuerdo darle el pecho hasta la mañana siguiente cuando una auxiliar del turno de mañana me agarró la teta y se la puso en la boca a la niña. Durante ese día casi siempre le ponía la izquierda; no sé porqué. La verdad es que no tenía mucha información sobre la lactancia materna. En el curso de preparación al parto apenas hablaron sobre cómo se da el pecho. Sólo cosas teóricas como que es el mejor alimento, qué es el calostro... pero nada más.

La segunda noche en el hospital fue horrible. Estaba sola con la niña; las dos llorando y una auxiliar me dijo que así no podía estar, que tenía que descansar y me trajo un biberón. Con lágrimas en los ojos le dije que yo quería darle teta y ella dijo que claro que le iba a dar pero que en ese momento tenía que descansar. Tomó un poco y se calló. Me sentía fatal. Dormimos durante algunas horas. Seguí ofreciéndole el pecho durante todo el día siguiente. Lloré mucho porque la leche no subía. Cuando me dieron el alta; casi  tres días después de que naciera, la niña estaba muy tranquila. La vestí y la metí en el carrito. Antes de llegar al ascensor del hospital se puso a chillar como loca y volví para que me dieran un biberón. “Así no llego a la farmacia”- les dije, y me dieron un par. Se bebió la mitad más o menos y nos fuimos.

Como hacía bueno aprovechamos para dar un paseo. Entramos en un supermercado a comprar leche. Estaba muy agobiada con ese tema porque no me subía y pensaba todo el tiempo en ello. Mi marido decía que no iba a ser la única mujer a la que no le subiera la leche, que me tranquilizara, pero yo prefería tener leche por si acaso. Me costó decidir y al final cogí unos bricks que ya venían preparados; así sería más fácil-pensé. Ya en la caja cuando íbamos a pagar, la niña se puso a llorar y como el chico que estaba cobrando se había ido le puse en el pecho. Allí mismo, de pié; para verme.

Me encontré con unos amigos de la familia. Me dieron la enhorabuena y vieron la leche. – Si le compras leche ya no le vas a dar teta – me dijo. Cada vez que recuerdo este comentario pienso: “Menos mal que no le iba a dar teta, que sino…”. Nunca llegué a usar esa leche. Se la bebió la hija de mi vecina.

Esa misma noche; 72 horas exactas después de haber dado a luz, me subió la leche. Se me mojó el camisón entero. Durante el primer mes aguantaba muy poco con la teta; una hora o dos como mucho. De día y de noche. Fue muy duro; tanto que intenté darle un biberón de los que me dieron en el hospital para que aguantara un poco más pero no lo quiso. Ni tampoco el chupete. Cada vez que lloraba le tenía que dar la teta. A veces me dolía un poco, sobre todo la izquierda, pero nunca tuve grietas. ¡Menos mal! Fueron pasando los días y cada vez aguantaba más tiempo.

Llegó el momento de darle la fruta pero no le gustaba demasiado así que teta y más teta. Con la verdura le pasaba igual. Cuando cumplió seis meses me incorporé al trabajo. Casi ocho horas todos los días de lunes a viernes. Se quedaba con su padre. Durante ese rato algo comía pero cuando estaba yo en casa solo teta. El fin de semana le daba “fiesta de comida” porque como comía tan mal… Había noches que se despertaba cada hora. Me decían que era por hambre (la gente, que sabe de todo) y siempre pensaba: "mañana le doy, a ver si puedo dormir un poco más". Siempre coincidía que esa noche dormía seis horas del tirón; así que, por hambre no era.

Me quedé embarazada de nuevo cuando la niña tenía 15 meses. No se destetó en todo el embarazo. La de comentarios que tuve que oír. Ella fue la primera que supo que íbamos a tener un bebé. Desde el principio decía bebé refiriéndose a la tripa. Se daba cuenta de todo. La llevamos a todas las revisiones y también a las ecografías.

Un siete de agosto; dos años y diez días después de que naciera ella, nació mi segundo hijo. Cuando salíamos del paritorio empezó a llorar y yo le puse el pezón en la boca. La experiencia es un grado. Ese mismo día, cuando la niña vino a verme al hospital le di teta a ella sola. No quería que viera que su hermano en la teta para que no tuviera celos. Al día siguiente, cuando estaba en la teta le pregunté si quería que le diera a su hermano y me dijo que sí. Ahí empezó mi tándem. Puso su manita en la espalda del bebé. ¡Qué sensación más bonita! La foto está colgada con un marco rojo en el salón para que todo el mundo la vea.

El niño comía para alimentarse pero la teta no le gustaba especialmente hasta que poco a poco, al ver a la niña en la teta todo el día venía a la otra por envidia. Cuando eran un poco más mayores se cambiaban la teta. Se decían el uno al otro “Pium, pium”. Y mil anécdotas más. La verdad es que era muy bonito aunque a veces me agobiara un poco.

Cuando el niño cumplió 15 meses y la niña 3 años y 3 meses, de nuevo embarazada. Pasé un embarazo un poco malo, muy cansada y con dolor de espalda pero muy feliz porque deseaba mucho un tercer bebé. Ninguno de los dos se destetó en todo el embarazo. Cuando me cogí la baja el niño se tiraba un buen rato en la teta nada más despertarse. Me encantaba tenerle a mi lado. Y también durante el día sentarme en el sofá con el barrigón y tener a cada uno en una teta.

A las revisiones al principio íbamos todos pero después dejé de ir con los niños. La matrona le decía a la niña que cuando naciera el bebé tendría que dejar la teta porque ya era mayor, que como ya iba al cole... Yo le dije que no iba al cole y que no iba a destetar a ninguno de los dos. Se quedó muy cortada. En la siguiente revisión se lo dijo a la ginecóloga delante de mí y ella dijo: "Bueno, bueno, tú sabrás...". Desde ese momento dejé de decir que les daba pecho a los dos.

Como con sus dos hermanos, rompí la bolsa por la noche. En el hospital no le di teta delante de sus ellos. Lo primero que hizo el niño cuando llegué a casa fue darle uno de sus chupetes al bebé. Con lo importante que era el chupete para él...

El bebé dormía muchísimo; aguantaba seis horas seguidas sin problema y mientras le daba teta a los otros dos. Alguna vez se peleaban cuando el bebé estaba en la teta porque sabían que él tenía prioridad. A veces el tritándem era agotador, sobre todo cuando me quedaba sola con los tres. Fue muy duro pero los días fueron pasando rápidamente.

Hubo algún comentario por parte de la enfermera de pediatría medio en broma pero a los dos mayores no les hizo ninguna gracia pensar que podían quedarse sin su teta querida. Menos mal que el bebé engordaba y crecía bien porque sino seguro que me habrían dicho que tenía que destetar a los otros.

Cuando el bebé cumplió tres semanas la niña empezó el colegio. Desayunaba solo teta en su cama tumbada durante media hora. Yo tenía miedo de cómo reaccionarían sus compañeros al enterarse que con cuatro años aún tomaba teta. Pensé que le llamarían bebé o le insultarían; pero no, fue al contrario; tenían envidia. Algunas niñas les dijeron a sus madres que tomaba teta y que ellas también querían. ¡Qué gracioso!

Al cumplir seis meses el bebé, de vuelta al trabajo. Me sacaba la leche todos los días; al principio entre 200 y 360 mililitros. A veces no conseguía sacarme más de 100. La congelé toda. No tenía intención de sacarme la leche porque me parecía un rollo pero como tenía tiempo, aproveché. Ya comía fruta y verdura con carne pero aún así por la noche cada tres horas estaba en la teta. Me quedaba dormida en el sofá. Cuando llegaba a casa todos se peleaban por la teta. Los días que el bebé dormía eran los mejores porque los dos mayores no discutían.

"Y esta es mi vida"- es la frase que le digo a la gente que me ve todo el día con alguno de los tres en la teta. En casa no me molesto en llevar sujetador. Siempre hay alguno que me levanta la camiseta. No sé cuándo llegará el destete pero la verdad es que intento difrutar de todos los momentos, por cansada que esté o por mucho que discutan. 



Gracias diminuka por compartir tu historia, me ha parecido preciosa, me ha emocionado mucho. Qué maravilla conseguir esa lactancia a tres... ¡¡Un abrazo!!

martes, 30 de agosto de 2011

Historias de la teta: Ana


El día 25 de Febrero de 2010 rompí aguas a las 9 de la mañana. Como las aguas eran claras me lo tomé con calma, y no me fui al hospital hasta después de comer. Menos mal, porque a pesar de los muchos dolores y las contracciones, hasta la mañana siguiente no me puse de parto. Los dolores empezaban a resultar insoportables, pero a pesar de la oxitocina no dilataba suficiente.

Alrededor de  las 13:00, entro el ginecólogo y dijo que esperaríamos un poco mas, pero a los pocos minutos cambió de opinión y me llevaron al quirófano, me despedí de mi novio con preocupación, mi madre se fue a la capilla a rezar y yo para  sentir como nacía mi niño.

Dónde están las explicaciones de la matrona del parto feliz, cuando tu y tu pareja, lo ves nacer, juntos, teniéndolo encima  todo llenito de sangre, intentado buscar la teta para mamar y la emoción de haber dado vida.

En mi caso se desvaneció, me hicieron la cesárea, solo tenia las explicaciones del anestesista que como sabia que no veía sin gafas me lo iba mostrando con sus palabras y al poco ya lo oí llorar y me dijeron que no salía porque tenia dos vueltas de cordón en el cuello, pobrecito, y entonces pensé menos mal porque si hubiéramos esperado igual se habría muerto.

Me lo enseñaron pegándomelo a mi cara, esa carita redonda, envuelto en una manta blanca  y con los ojos abiertos, me hizo llorar de alegría, mi niño!!! Le di un beso muy fuerte y se lo llevaron, se lo enseñaron a su padre y se lo llevaron a la incubadora un rato, allí le saco fotos mi novio que guapo y que pequeñito, sólo pesaba 2 kilos 845 gramos, me encanta ver esas fotos.

Cuando expulsé la anestesia me llevaron a la habitación ,al poco lo trajeron y nos pusimos  a darle de comer, me incorporé en la cama y me lo puse a la teta, él chupaba y yo ponía en practica las enseñanzas de la matrona en las clases de preparación con el muñeco, le daba de una teta, de otra y durante tiempo, pero creo que no sacaba nada.

Dí a luz un viernes, lo peor, menudo fin de semana de visitas acabe agotada y harta, entre la cesárea y que la leche no subía y que no tenia intimidad con mi pequeño me ponía nerviosa, el niño no comía y de vez en cuando le pedíamos un biberón para que comiera, porque la leche no me subía, depende la que estuviera en el mostrador nos lo daba o no, si no nos lo daba a esperar el cambio de turno y mientras el niño chupaba y chupaba y no sacaba nada, tampoco le queríamos dar mucho biberón por si luego no quería la teta, pero no lo podías tener sin comer.

Yo no sabia si lo hacia bien o mal, a los dos días vino una enfermera a ver cómo lo hacía, me corrigió la postura y estuve un buen rato hasta que llegaron las visitas, no se si comería. Y mientras mi compañera de habitación tenía leche como una vaca, para su pequeña y hasta me dijo quieres que le de yo, porque  la depresión posparto estaba llegando a mi, lloraba por todo y me sentía mal, miraba por la ventana y sin razón se me caían las lagrimas.

Por la noche mi niño lloraba desconsoladamente, y llamamos a la enfermera, le puso el dedo y casi se lo arranca y nos dijo este niño tiene hambre. Se lo llevó, le daría biberón y cuando lo llevaron  a la habitación estaba dormidito y durmió toda la noche. Pensé que no tenia leche y que este niño no comía.

Fueron 5 días muy duros, con muchas visitas, sin dormir, con un niño, con muchas lágrimas, con muchos dolores de la cesárea, con malas contestaciones por parte de las enfermeras,…….. y por fin llegó la última noche, a mi compañera le habían dado el alta y de madrugada, habiendo habitaciones libres, ingresa una compañera mía de preparación al parto a las 4 de la mañana y a las 8:30 horas ya estaba en la habitación con su niño y yo no hacia nada mas que pensar y yo me tiro 28 horas, no valgo ni para parir, pero sabia que esa misma mañana me iba a casa, por fin a descansar.

Llegó la pediatra y me dijo: "quiero que engorde, te lo llevas con 2 kilos 500 gramos si no engorda en esta semana te lo voy a ingresar". Todavía me sentí peor, pero dije a mi novio vete y compra leche en la farmacia y listo porque yo no tengo leche y mi niño no se va a morir.

Cuando llegué a casa, tocaron las visitas del pueblo, algunas muy largas pero ya dormimos y teníamos tiempo para los tres.

Yo quería darle el pecho pero empezó a rechazarlo, le di con pezonera y así fue mejor, pero el niño se quedaba a medias, entonces decidí sacarla y ponérsela en un biberón, sacaba como 40 ml, la ponía en un biberón  y se la daba y luego le complementaba con leche en polvo, así estuve como tres semanas hasta que me cansé, y la leche se fue retirando sola,  pero lo mas importante es que mi niño engordo y se puso fuerte.

Me quede un poco decepcionada con el tema de la lactancia, al igual que con el parto todo muy fácil y muy bonito pero cada mujer es un mundo.

Hoy en día, mi niño tiene 17 meses y esta feliz, activo, guapo y no muy gordito, es lo mejor de mi vida y la mayor alegría en nuestras familias.

Ahora llevamos un tiempo buscando un hermanit@ y cuando nazca, no dudaré en volver a sentir esta experiencia como nueva, esperemos que el parto sea mejor y sin duda intentare por todo los medios en amamantar a mi niñ@ para sentir ese vinculo tan especial madre e hijo.


Como la historia de Ana es distinta a las otras que había publicado, le pedí que me contestara a dos preguntas:

¿Por qué crees que fracasó tu lactancia?
Mi lactancia creo que fracasó, porque nadie me supo guiar, por mi poca paciencia y porque no encontré apoyo, quizás por los profesionales  o por un grupo, no sabría qué decirte. También creo que mi cuerpo no reacciono pronto y eso me hizo sentirme mal y un poco fracasada, porque si el niño se hubiera enganchado bien y hubiera chupado y quedado satisfecho seguramente estaría dándole todavía, pero no fue así.

Si pudieras volver atrás, ¿crees que harías algo distinto? En tal caso, ¿qué sería?
Si, seguramente me hubiera informado más y habría buscado un grupo aunque aquí en los pueblos sea difícil encontrarlo, hubiera preguntado mas a amigas, en Internet… pero creía que era algo innato y cuando llegara el momento como mujer sabría hacerlo y no fue así; pero creo que lo haría igual porque era inexperta y algo nuevo para mi tanto el parto como la lactancia. Además como digo te lo pintan tan bonito todo en la preparación al parto que se cree fácil y luego te quedas un poco decepcionada, pero una experiencia bonita por el resultado que tenemos, lo mejor de nuestras vidas, nuestros hijos.
Y en el segundo como tu dices ya tenemos la experiencia de este con lo cual lo haremos mejor.

Bajo mi punto de vista, el caso de Ana ilustra hasta qué punto la mayoría nos tenemos que buscar la vida para evitar que la lactancia fracase. Para empezar, una matrona pintando una lactancia tan facil y tan idealizada me hace pensar que poco no nada sabe del tema. Porque sí, la lactancia es bonita, pero pueden surgir problemas, y la matrona debe avisarnos y prepararnos para enfrentarnos a ellos. 

Si la cesárea ya es de por sí una dificultad a superar a la hora de conseguir una buena lactancia, la absoluta falta de ayuda por parte de matronas y enfermeras en esos tan importantes primeros momentos es sangrante. Si en lugar de dar un biberón o negarlo enseñaran, acompañaran, ayudaran a la mamá y al bebé hasta conseguir su objetivo -lo cual es parte de su trabajo, no lo olvidemos- habría muchas más mamás felices con su lactancia.  La falta de información  y las visitas poco respetuosas son los ingredientes perfectos para completar la ensalada del fracaso.  Sólo faltaba un petriatra con amenazas cuasi bíblicas, que ya me parece el colmo de los colmos.

Si desde el primer momento explicaran: "No te preocupes, ponlo al pecho tanto como sea necesario, el calostro es suficiente". "Si llora vuelve a ponerlo, los bebes no sólo lloran por hambre, tambien lo hacen porque se sienten extraños fuera de tí y necesitan sentirte". "No te preocupes si al apretar no sale nada, el bebé al mamar consigue sacar cantidades que tú jamas sacarás ni apretando ni con un sacaleches". "La leche casi nunca sube hasta el tercer día, a veces aún tarda más, así que no te agobies por no tener los pechos llenos, ten paciencia, pon a tu bebé al pecho y la leche subirá"."No te agobies por el peso, todos los bebés pierden peso al nacer; si lo pones al pecho siempre que pida y observas que hace pis normalmente, no habrá problemas". "No le des biberones, retrasará tu subida de la leche, tu bebé aprenderá a mamar mal, y la lactancia fracasará"... ¡Otro gallo cantaría!

Así pasa que en la mayoría de los casos, las mamás que consiguen una buena lactancia es porque se han informado y mucho de cómo funciona todo y todos los posibles problemas que puedan surgir, y sobre todo que cuentan con una convicción a prueba de enfermeras, visitas, pediatras, biberones y demás interferencias externas.

Ojalá Ana tenga pronto ese segundo bebé que busca, y ojalá entre todas consigamos que esta segunda lactancia sí sea como tiene que ser: bonita, disfrutada y continuada tanto como mamá y bebe deseen.

Un besote Ana y gracias por compartir tu historia!

jueves, 11 de agosto de 2011

Historias de la teta: Yanina


Hace poco más de 16 meses nació mi primer hija, la luz de mis ojos!
El parto no fue como hubiese querido, debido a que a una semana de cumplir las 40 de embarazo, mi ginecólogo decidió hacerme una cesárea.

Así fue, un día Jueves 11:25 hs nace mi hija, 3.100 kilos, una hermosura! Ese día fue difícil, además de los dolores de la operación, mi niña tenía mucho hambre y no podía prenderse del pecho debido a que los pezones eran muy pequeños y debían formarse, tanto ella como yo, debíamos aprender, fueron algunas más de 24 hs, difíciles, llantos, angustia, hambre, cansancio, pero luego de muchos y largos intentos logramos que mi hija pudiese mamar!!

Los primeros dos meses, la tenía que despertar para darle el pecho, tomaba cada 3-4 hs, y se echaba su buen rato mamando. Al cumplir los dos meses, tuve que volver a trabajar, lamentablemente las leyes argentinas no apoyan mucho a la lactancia prolongada, y tuve que tomar una decisión fundamental para poder seguir mis principios, reduje mi jornada de trabajo (también los ingresos) pero no podía perderme estos meses de mi hija, formar ese vínculo tan especial, y además, que ella tuviese el mejor alimento que le podía dar.

Seguimos con la lactancia, luego llegaron los dientes, ayyyyyy mis pechos!! Mi hija llegó a lastimarme, y como ella no quería que usara las pezoneras, debía darle sin ellas, que dolor!! Pero aún así, ni se me cruzó por la cabeza dejar de amamantar.

Mi hija hasta los 9 meses más o menos, estaba en el percentil 50, pero a partir de ahí, fuimos bajando, al cumplir el año llegamos al percentil 25, la pediatra me recomienda que no le dé tanto pecho a mi niña, que le diera más alimentos, pero si come muy poco o nada de nada como le voy a retirar lo único que le gusta. Seguí dándole el pecho a demanda, pero aún así el peso no nos ayuda, ahora estamos casi en el percentil 10, pero mi hija es muy activa y feliz.

No considero que su poco aumento de peso se deba al pecho, sino a su intensa actividad y que es una niña de contextura pequeña, así que seguiremos con el pecho a demanda!

HIJA FELIZ, MAMÁ FELIZ, FAMILIA FELIZ!!

Yanina

¡Que bonito Yanina! Y tienes razón, si la niña no come, ¿cómo le vas a quitar la teta? Por aquí tambien hay mucha costumbre de echarle la culpa de todos los males a la teta... ¡cuando muchas veces lo que hace es evitar otros mayores! ¡Un besote gordo a tí tambien!

miércoles, 10 de agosto de 2011

Historias de la teta: Mother Goose


Bueno pues empezaré mi historia diciendo que mi lactancia comenzó de manera bastante desastrosa.

Yo soy muy cuadriculada y me gusta tenerlo todo organizado asi que cuando descubrimos que estabamos embarazados me compre la gran guia del embarazo y la lei parte por parte, mes a mes y capitulo a capitulo siguiendo las instrucciones obedientemente.

Nunca me habia planteado el tema de la lactancia, inocente de mi pensé que era algo innato a nosotros, ¿no somos mamiferos?? pues eso....No se me ocurria que la lactancia tuviera fracasos ( y cuantos....). Asi que ni me informé ni me preocupé sobre el tema, ya sería como fuese cuando tuviese que ser.

Sobre lo que si habia meditado y pensado era sobre mi parto, queria lo mas natural posible y junto a mi pareja en TODO momento. Lamentablemente no fue asi y me separaron de mi pareja y lo que es peor de mi hijo nada mas dar a luz y hasta 24 horas después.

El niño vino ya tomando biberones, inocente de mi no se me ocurrió poner el grito en el cielo ni montar la de San Quintin ya que en otros hospitales es impensable que esto ocurra, y se les da a los bebes separados de sus madres como mucho gotitas de suero, porque para el/la que no lo sepa un biberón en momentos tan tempranos puede acabar con la lactancia.

Pero yo lo intenté, y lo intenté y lo intenté. Sólo una de las múltiples enfermeras que me atendian se dignó a darme una indicación, por cierto bastante útil que fue la postura en que tenia que colocar al bebé para darle el pecho. Si, es así de triste, somos los únicos mamiferos que no sabemos dar de mamar a nuestras crias.
El resto de personal sanitario se encargó de desanimarme a más no poder, cosas como: "Uy, si no te ha subido ya la leche, despideté" o "Ya puedes ir aprendiendo a dar biberones", se encargaron de hacerme dudar en todo momento.

Pero cuando salí del hospital una que es aragonesa, y cabezona a más no poder se empeñó en que su bebé tomaria el alimento de ella misma y puso al bebé al pecho sin descanso. Debería haber hecho caso a mi madre (¡Ay, Mamá! Cuantas veces habré repetido esto a lo largo de mi vida...) y haberme puesto en contacto con el grupo de lactancia para que vinieran a echarme una mano. Pero mi instinto animal, supongo que seria, me hizo reaccionar de la manera que mejor pude haber hecho y conseguí desterrar los biberones y dar el pecho a mi hijo.

No digo que no haya habido momentos dificiles, los ha habido y muchos, al principio me dolía supongo que por malas posturas y tambien porq jugaba con la desventaja de una "herida de cesarea" q dolia cada vez q la tocaba, luego se añadía q tenemos un bebe muy demandante y solo queria estar en brazos o en el pecho, cosa logica y normal pero cuando te pegas el dia sola de 8 a 20 se hace muy dificil.

Asi que para mi la gran salvacion fue el grupo de lactancia al que al final acudi cuando mi bebe tenia tres meses y menos mal! porque a parte de resolver mil millones de dudas, aprendi un monton de cosas y sobre todo y mas importante conocia a mamas que estaban a mi misma situacion y ver que no eres un bicho raro y que lo que te ocurre a ti es lo mas normal del mundo es un alivio.

Otro de mis puntos de apoyo en este gran mundo que es la lactancia ha sido la estoica figura de mi marido que ha sacrificado sus horas de sueño para que yo descansara porque yo daba el pecho, o que paseaba al bebé por las noches para que yo pudiera dormir un poco. Que me ha animado en los momentos de duda y que ha hecho que las ideas que los dos nos hemos forjado sobre crianza siguiera poniendolas en practica pese a grandes momentos de debilidad.

Tambien he de mencionar como guia al gran pediatra Carlos Gonzalez, el guru de las de la teta que dice mi marido, estepues señor ha resuelto tambien infinitas dudas, guiado, indicado o simplemente reforzado las ideas que teniamos sobre lactancia y crianza en general.

Yo desde luego animo a cualquier mamá a dar el pecho, es algo precioso, momentos unicos que no se borraran de la mente. Si, en ocasiones es duro y creo que nadie tiene comienzos faciles pero desde luego que merece mucho la pena porque ya no solo le das una serie de defensas a tu bebé ademas de alimento y bebida si no que creas ese vinculo tan especial, esa conexion que nadie podra entender a menos que haya pasado por la misma experiencia.
Los momentos duros se olvidan y solo recuerdas su carita de satisfaccion, su manita acariciandote, su calorcito y el retumbar de su corazon.

Mother Goose


¡Gracias Mother Goose por compartir tu historia! Por cierto, espero que pronto retomes tu blog, Una madre apurada, se echa de menos leerte ;) Un besote gordo!

lunes, 8 de agosto de 2011

Historias de la teta: Sonia


Siempre quise ser madre y también tenía muy claro que quería dar el pecho. Mi madre siempre nos contó que nos dio el pecho aunque no mucho tiempo ( bueno hace años pensaba que 3 o 4 meses si era mucho tiempo, ahora he cambiado de opinión…) por lo tanto para mi era lo natural.

Cuando me quedé embarazada me informé mucho sobre el parto y la lactancia y en las clases de preparación al parto la matrona nos contaba que a ella le resultó difícil establecer la lactancia pero que querer era poder y eso lo gravé en mi mente. Por aquel entonces para mi dar el pecho era la única opción pero mi meta estaba en los 6 meses, luego ya empezaría a trabajar y probablemente pasaríamos al biberón, por suerte las cosas cambian y los pensamientos también.

Mi hijo nació llorando, si, no había acabado de salir y ya lloraba. Me lo pusieron encima y seguía llorando, nada le consolaba; ni mi olor, ni mi voz, ni mis besos. Sólo se calmó en el momento en que lo puse al pecho, así que él también tenía claro que quería mamar. En aquel momento me sentí la mujer más feliz del mundo: había tenido un hijo y además le estaba alimentando por mi misma.

Pero no todo fue tan fácil. Sus primeros días, en el hospital, los pasó literalmente enganchado a mi; sólo en mi pecho se calmaba, en cuanto estaba un rato separado lloraba y lo buscaba, así que tuve que aguantar un montón de comentarios de las visitas.

Estuvimos dos días en el hospital y los dos se los pasó llorando o mamando y nosotros casi sin dormir. Una enfermera me dijo que aun no me había subido la leche y que mi hijo había perdido bastante peso y tenía hambre. Me derrumbé y lloré, me sentía fatal y accedí a darle un biberón, lo tomó con ansia y se quedó frito al instante, lo que hizo que yo todavía me sintiera peor.
Pero no estaba dispuesta a tirar la toalla tan pronto así que intenté buscar ayuda y me enteré que en el hospital había una unidad de lactancia y pedí asesoramiento. Vino una pediatra y estuvo enseñándome como ponerlo bien al pecho, nos dieron el alta y tuve que volver en 3 ó 4 ocasiones con ella para ver como íbamos y para pesar al niño.

Al tercer día aun no me había subido la leche así que decidió que lo mejor sería ayudarlo un poco en algunas tomas, pero no con un biberón; nos enseñó como darle leche de fórmula a la vez que lo ponía al pecho, así estimulaba y a la vez se alimentaba. Al cuarto día me subió la leche y en unos días ya no necesitaba ninguna ayuda. Aun así se pasaba el día mamando, se quedaba dormido y en cuanto notaba que se despegaba un poco de mi volvía a mamar.

Así nos pasamos prácticamente 2 meses en los cuales tuve que oír muchas cosas, sobretodo que no iba a poder seguir con el pecho porque tenía poca leche, pero mi niño a pesar de tener reflujo y vomitar tras prácticamente todas las tomas engordaba y crecía, así que eso junto a su expresión cuando mamaba me dieron las fuerzas necesarias para seguir adelante. Hubo momentos que pensé en tirar la toalla, pero hablaba con otras madres que daban el pecho a niños más mayores y todas decían que era lo mejor que les había pasado, así que cada día pensaba "pues si he llegado hasta aquí voy a seguir".

Fueron pasando los días y todo iba fluyendo mejor, nos íbamos conociendo, empecé a pasar más de lo que me dijeran, yo veía a mi hijo feliz así por lo que no lo debería estar haciendo tan mal y seguimos con la lactancia.

Actualmente no hay día que no me alegre de haber continuado, nunca había vivido nada parecido, jamás me había sentido tan bien, ahora el mejor momento del día es cuando vuelvo del trabajo y le pregunto a mi hijo que quiere y me dice con una dulce sonrisa teee-taaaa, se engancha a mi pecho y se duerme plácidamente, poder vivir esto es un regalo y no puedo evitar el intentar animar a todas las madres a vivirlo.

Por todo ello doy gracias a mi hijo por ser como es, por no conformase y pedir lo que quiere, por abrirme los ojos y dejarme disfrutar de la maternidad en toda su plenitud.

Sonia

¡Gracias Sonia por compartir tu historia! Sí que es verdad que querer es poder, pero en tu caso, has querido mucho maja, eres mi ídolo, porque has tenido una persistencia a prueba de bombas. Un besote gordo :)

Historias de la teta: Mi historia de la teta


Ser madre es algo que siempre estuvo dentro de mí; quienes me conocen bien saben que siempre ha sido uno de mis sueños. Y en mi sueño, en esa estampa maravillosa que yo formaba en mi mente, nunca estuvieron presentes los biberones, siempre había una amorosa mamá dando el pecho a su bebé. Estoy convencida de que el ver a mi madre amamantar a mi hermana durante un año tuvo mucho que ver; ¡gracias mamá, por hacernos ese regalo a las dos!. Tanto es así que cuando llegó el momento ni siquiera compré biberones, pues para mí no había la más mínima duda de que daría pecho; ni siquiera me planteé que algo me lo pudiera impedir.

Durante el embarazo busqué información en internet y libros acerca de mi estado y lo que vendría después, y, cómo no, me encontré también con información acerca de la lactancia. Fue entonces cuando me hice consciente de los problemas que podrían surgir, sobre todo a través de un foro donde mamis voluntarias ayudaban a otras con sus problemas y sus dudas. Debo decir que este foro fue una auténtica escuela para mí. ¡Cuanta información y qué bien dada!.

Llegado el parto, tuve la inmensa suerte de que el personal sanitario fue un auténtico 10 en lo que a los primeros momentos se refiere. Tan pronto nació mi niño, se lo llevaron lo justo para limpiarle las vías respiratorias, e inmediatamente lo pusieron sobre mí. Cuando acabaron de zurcirme (algún día contaré esto...) y me sacaron de quirófano, inmediatamente lo colocaron junto a mí y lo acercaron a mi pecho para que comenzara a mamar... ¡y se agarró sin problemas! Y ahí estuvo mi campeón, hora y media agarradito y mamando, hasta que finalmente se lo tuvieron que llevar para limpiarlo, pesarlo y demás.

Los primeros días mi niño se pasaba horas y horas enganchadito, mamando como un desesperado, pues el calostro parecía no saciarle. Me hacía un daño horrible, tanto es así que en dos días ya se me caían los lagrimones al ponerlo. "Si te hace tanto daño, ¿por qué no le das un biberón?" me decía mi marido. "No, la leche subirá". Y apretaba los dientes y lo ponía al pecho, y aunque al principio dolía horrores poco a poco el dolor se disipaba. Y la leche subió, por fin, al cuarto día. Lo supe en el momento en que mi niño pasó de mamar como un desesperado a mamar relajado. Y se confirmó unas horas después, cuando mis pechos se convirtieron en la terrorífica caricatura de un aumento de mamas exagerado, inflados y a punto de reventar, hasta el punto que tuve que vaciarlos un poco.

A partir de ese momento, la lactancia se normalizó, mi niño mamaba hasta quedarse dormidito, a veces tanto rato que llegaba a hacerme daño, y generalmente sus sueños rondaban las 3 horas, lo cual me permitía descansar. Cada vez que lo ponía al pecho me derretía de amor, no se me ocurría estampa más bonita que tener a mi niño así, pegadito a mí, mientras le daba lo mejor de mí.

Pero no todo fueron rosas, y es que cuando llegaba una crisis de lactancia, mi nene volvía a mamar como un desesperado, volvían las largas horas al pecho, y volvían otra vez los lagrimones en los ojos. De nuevo la pregunta "¿Por qué no le das un biberón, si te duele y no le llega?" "No. Esto se arregla con teta y más teta, si le doy un biberón será peor". Y así era, siempre se arreglaba.

Debo decir en este punto que cometí un grandísimo error: no acudir a un grupo de lactancia. Y es que, en verdad, no tenía que haber pasado esos dolores. Pero siempre miraba el calendario de las reuniones y me decía "esta semana voy". Pero cada semana surgía algo, y como mis dolores acababan pasando, yo olvidaba mi pensamiento.


Como no podía ser menos, durante todos esos meses recibí infinidad de interferencias externas: al principio "tu leche no le llega, por eso mama tanto". Mas tarde "ese niño está muy gordo, no le des tanto pecho" y tambien "¿Otra vez teta? lo estás malacostumbrando", o cuando comenzó con la alimentación complementaria "No le des tanto pecho y dale más comida" "Normal que no quiera comer si siempre le estás dando teta", y demás "bienintencionadas" lindezas. A estas perlas tambien le acompañaban otras como "Está tan gordo que cuando quiera andar no será capáz" "No lo tengas tanto en brazos que lo estás malcriando" "¿Para qué le das teta si no la ha pedido?". Estos comentarios tan "cariñosos" siempre venían de acérrimas defensoras del biberón, y lo único que conseguían era aumentar mi rechazo hacia el biberón y quienes tanto lo defendían. (Por cierto, mi niño comenzó a andar con 7 meses, y con 9 ya lo hacía completamente solo. Sobran los comentarios).


Y así fueron pasando los meses, unos rodados, otros con molestias de nuevo. Unos durmiendo bastante bien, otros durmiendo horriblemente mal. Cuando se hacía tan duro como para pensar en rendirme al biberón me decía a mí misma "sólo un día más, hoy ha sido muy duro pero inténtalo sólo un día más". Y al día siguiente siempre era mejor, lo suficientemente bueno como para querer continuar.

Hasta que llegó un día en que mi nene se hizo consciente de que yo era su alimento, que detrás de la teta estaba mamá. Ese día me miró con unos ojos, con un amor, una ternura, una emoción.... es algo que no podré olvidar en mi vida. Entonces comenzó a acariciarme el pecho, la cara, a sonreír en la teta... y ese día supe que todas las noches en vela, las grietas, los dolores, la esclavitud que es a veces la teta, merecen tantísimo la pena que si volviera atrás repetiría sin dudarlo ni un instante.

Desde ese día todo cambió, y ahora cuando mi niño se pone al pecho ya no es un momento de comer y de cariño, pues el orden se ha invertido; ahora es un momento de AMOR, de mimos, de miradas tiernas, de juegos, de risas, y de caricias... suyas, mías, y también de papá. Porque el pecho no excluye a papá, digan lo que digan. Mi marido ha disfrutado tanto como nosotros de la lactancia, hasta el punto de que estoy segura de que a veces ha deseado poder dar él también la teta. Me ha acompañado en los momentos duros, y ha disfrutado de los bonitos; me ha puesto al nene a la teta, lo ha acariciado mientras yo le daba, ha sonreído al verlo a él sonreír en la teta, al verlo emocionarse al acercarse... y también al escucharle decir por primera vez TETA. ¡Qué día más bonito, y cuánto nos emocionamos los tres!

Son ya 17 meses de lactancia, y aunque la mayoría del tiempo es una experiencia preciosa, es verdad que aún hay momentos en que es duro. Pero en esos momentos, aún ahora, me digo "Sólo un día más". Y proyecto en mi mente todos esos momentos maravillosos que hemos compartido en la teta, que no son comparables con nada más que hayamos vivido. Y esos momentos hacen que quiera intentarlo, al menos, un día más.

No se cuántos días más habrá... pero de corazón deseo que sean muchos.

"Orquidea Dichosa"

Historias de la teta


A veces parece que las que conseguimos una lactancia materna satisfactoria y la prolongamos más allá de los 6 meses primero, del año después, y hasta donde sea posible a continuación... es porque todo nos ha venido rodado, sin problemas ni molestias, sin esfuerzo añadido.

Por desgracia, casi nunca es así.

El problema de esta concepción errónea es que ya casi parece que sólo hay dos opciones: o no hay ningún problema y la lactancia es exitosa e incluso prolongada, o surgen terribles problemas que obligan a abandonar casi antes de empezar o al cabo de pocos meses.


Por culpa de esta idea tan extendida, hay muchas mamás que al encontrarse con problemas abandonan la lactancia, abrumadas ante la falta de ayuda, apoyo, respuestas... y creyendo que lo suyo no tiene solución, que o sufren una lactancia casi imposible o se rinden a la "evidencia" de que "no pueden" y dan leche de fórmula.

Pues chicas, tengo buenas noticias para vosotras: SI QUE PODÉIS

Si yo personalmente lo he conseguido fue a base de mucho, mucho tesón, convicción a raudales, kilos y kilos de paciencia y amor, y también mis buenos lagrimones, para qué negarlo. Pero todo esto merece la pena no sólo por dar lo mejor a nuestro bebé, sino también por el lazo tan especial que crea entre madre e hijo, y por los momentos tan maravillosos que nos regala.

Sé de buena tinta que ni soy la única ni la que más dificultades ha encontrado, ni tampoco la que más lo ha disfrutado. No soy una mamá especial, ni una supermamá, sólo soy una mamá como muchas otras. Por eso he pedido a varias mamás que compartan sus historias de la teta. Porque cada una de nosotras, a su manera, y por distintos motivos, hemos tenido que pelear mucho para llegar hasta donde estamos, pero ahora disfrutamos de la lactancia de un modo que nunca habíamos podido imaginar.

Gracias a todas por ser tan generosas. Ojalá nuestras historias sirvan a otras mamás que estén pasando por lo mismo a sentirse comprendidas y acompañadas, a continuar adelante y alcanzar sus objetivos, pero sobre todo a llegar a disfrutar de la lactancia.

Ojalá consigais disfrutarla tanto como nosotras.



¿Te gustaría compartir tu historia? Escríbenos a laorquideadichosa@gmail.com