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miércoles, 25 de julio de 2012

Mi opinión sobre la ley del aborto: mucho por cambiar

Si os soy sincera, la actual ley del aborto, aprobada en el año 2010 por el gobierno del PSOE, me produjo desde el primer momento sentimientos encontrados.

Para empezar me pareció muy negativo el hecho de que una menor pudiera abortar con tanta libertad. Seamos sinceros, con la anterior ley de supuestos ya abortaba quien quería, bajo ese supuesto tan ambiguo del daño psicológico a la madre, con lo que esta nueva ley abría totalmente la puerta para el aborto en menores en cualquier circunstancia. Todos sabemos que pagando lo suficiente siempre hay alguien dispuesto a hacer lo que quieras y firmar lo que sea necesario.



No estoy en contra de la excepción que se introdujo, sino de la pésima articulación de la misma, pues considero que en este caso particular se hace imprescindible y obligatorio el apoyo psicológico a la joven que aborta, porque un aborto siempre es algo demoledor para una mujer, cuanto más en una menor.

Además creo que debería ser necesario un mayor control sobre los casos en los que se aplica ese supuesto a menores, para asegurar que verdaderamente sólo se use en los casos extremos contemplados.

Por otra parte, me gustó el cambio de una ley de supuestos a una ley de plazos, pues considero más coherente una ley de plazos que proteja por encima de todo la vida humana.

Para mí la vida de un bebé está por encima incluso de los deseos su madre, por lo que   considero que un bebé sano que podría sobrevivir fuera del vientre materno no debería ser de ningún modo abortable.

Ademas, cuando se habla de leyes de supuestos siempre se incluye el de "graves malformaciones", casi siempre alegando que se evita un sufrimiento al bebé. Pero lo cierto es que al bebé no se le ahorra nada, no hay más que leer la entrada de Ser madre, toda una aventura al respecto.  En tal caso se le ahorra a la familia, que tampoco, porque leyendo a Ibone Olza queda claro que es algo devastador para toda la familia y en especial para la mujer.



¿Cómo regular entonces algo tan complejo?

Considero que en la sociedad actual no tiene cabida la prohibición del aborto, nos guste o no es algo que está ahí y que en algunas ocasiones es necesario, por lo que lo que se debería buscar es una ley que garantice a las mujeres la posibilidad de abortar cuando sea necesario pero que tampoco sera una carta blanca que permita hacer cualquier cosa.

Bajo mi punto de vista, la opción más coherente y respetuosa con la vida sería una ley de plazos (algo similar a la actual) pero muy estricta en cuanto a los plazos, y que tan sólo tenga una excepción, que sería la de graves malformaciones, en la que no habría plazos; pero esto tendría que ir acompañado de muchos más cambios.

En primer lugar sería necesario regular la eutanasia, porque me parece un acto de cinismo enorme que se permita matar a un bebé para evitarle una vida llena de sufrimiento, pero no permitir a un adulto elegir su propia muerte por el mismo motivo.

En segundo lugar, regularía el aborto por eutanasia, que sólo permitiría en caso de malformaciones incompatibles con la vida o gravemente invalidantes, en el que se debería asegurar por encima de todo una muerte digna y sin sufrimiento para el bebé, cosa que ahora mismo ni se plantea, y si estamos hablando de evitar sufrimiento a un bebé de nuevo me parece un acto de cinismo que no se tenga en cuenta el sufrimiento que pueda producirle ese aborto.

 En tercer lugar me parece imprescindible prestar apoyo psicologico a la familia durante todo el proceso, cosa que tampoco existe, y durante el tiempo necesario, pues dudo que sea un proceso corto.

Por último, me gustaría apuntar que cuando hablo de graves malformaciones no me refiero en absoluto a casos como el síndrome de down. Desconozco el resto de patologías que se incluyen, por lo que no voy a opinar sobre si deben incluírse o no, pero esta en concreto me parece una aberración que se siga metiendo en el pack de las "graves malformaciones incompatibles con la vida", porque está muy lejos de la realidad actual de las personas con este síndrome, y quien quiera informarse no tiene más que buscar la página web de una asociación de Síndrome de Down, o, mejor aún, pasarse por la que tenga más cerca y trabajar como voluntario unos días. Estoy segura de que os aportaría muchísimo.

Edito para añadir enlace a la última entrada de Ibone Olza, que me parece que aporta mucho al debate: Obligar al sufrimiento 

lunes, 23 de julio de 2012

Los padres que elegimos ser

foto de freedigitalphotos.net
A menudo, cuando se habla de educación y de crianza y de cómo se actua o se ha actuado, de si se "hace bien o mal",  sale a relucir la frase "lo hacemos lo mejor que podemos". Personalmente no estoy de acuerdo con esta afirmación, que me parece más bien una excusa bajo  la que esconder toda clase de comportamientos. Creo más bien que lo hacemos lo mejor que queremos.



Y es que la crianza de un hijo no deja de ser una forma de relación, y, como en toda relación, decidimos, de un modo consciente o inconsciente, cuánto de nosotros mismos estamos dispuestos a dar.

Desde la primera vez que tomamos al bebé en nuestros brazos, sin que seamos conscientes de ello, estamos sentando las bases de la relación con nuestros hijos. Cada pequeña decisión que tomamos, dejar llorar o no, luchar un poco más por el pecho o rendirnos al biberón, acompañar en el sueño o obligar a aprender rutinas, respetar ritmos o marcarlos, lleva pareja consigo connotaciones emocionales y acotaciones de nuestros límites. Decidimos cuánto vamos a dar de nosotros mismos a menudo sin ser conscientes de estar tomando tal decisión, pero la realidad es que cada paso que damos es un nuevo trazo en el mapa de la relación que tendremos con nuestros hijos.

Por desgracia es algo de lo que muchas veces no nos damos ni cuenta, pero quizás si nos paráramos a analizar cada movimiento, cada llanto no atendido, cada voz más alta, cada muestra de compresión no requerida, cada sonrisa... seríamos capaces de marcar la hoja de ruta de esa relación de cara al futuro.

Quien más y quien menos tiene carencias en la relación con sus padres o hermanos; ¿no creéis que si nos sentáramos a analizar esas relaciones, acabaríamos encontrando los escollos que las fueron minando?.

¿Por qué no anticiparnos con nuestros hijos? ¿Por qué no pararnos a pensar si lo que estamos haciendo es realmente lo que queremos hacer?¿Por qué no preguntarnos si el camino que hemos elegido nos lleva a la relación que nos gustaría tener?

¿Sabemos realmente los padres que hemos elegido ser?

¿Somos realmente los padres que nos gustaría ser?

sábado, 30 de junio de 2012

Mañana, todas con La Roja


Ahora si que os he sorprendido, ¿a que si? Apuesto a que lo último que esperábais ver en mi blog era una entrada apoyando a la selección de fútbol. Pues si, hoy le voy a dedicar una entrada, a ella, LA SELECCIÓN, La Roja.

Se que hay quien está muy quemado con esto, que no entiende cómo la gente puede dar tanta importancia y prestar tanta atención a 10 tipos jugando en calzones cuando el país está como está. Y se me ocurre una mami en concreto (hola maja!) que me levantará la ceja cuando vea que tuiteo este post. Tranquila, que todo tiene explicación ;)



Desde que tengo uso de razón recuerdo ver a mi padre y a mi hermano sufrir viendo los partidos de la selección. Les recuerdo nerviosos, saltando, sufriendo, animando... les recuerdo abrazándose con los goles, celebrar como nunca más lo hacían. Y la historia siempre acababa igual: en decepción. Cada vez que nuestra selección acudía a una competición importante yo veía la misma película; se titulaba "Derrotada en cuartos", y al final siempre dejaba ese regusto de "da igual lo que pelees, el final siempre es el mismo: la derrota".

Con el paso de los años la situación no cambió, y volví a ver esa misma película una y otra vez, y otra vez, a veces con las amigas, con amigos, pandillas, parejas... y siempre el mismo final y el mismo regusto a desesperanza, a que da igual cuanta intención pongas, lo que luches, lo que desees, lo que hagas; siempre acaba mal.

Hace cuatro años, en la anterior Eurocopa, recuerdo las miradas ilusionadas pero a la vez temerosas de mi marido y sus amigos mientras veían cada partido. Su mirada era la de el niño que espera ilusionado que los reyes le hayan traído el regalo que ha pedido, que sabe que es muy muy difícil, pero no pierde la esperanza, aunque en el fondo de su corazón cree que no lo tendrá, porque es muy caro. Tras cada partido esa mirada brillaba más, la esperanza cada vez era más evidente, y pronto se convirtió en verdadera ilusión. Y esos abrazos tras los goles, esa orgía de emociones que normalmente no se dejan salir... no se a vosotras, pero a mí, personalmente, me parece un ejercicio maravilloso para todos esos hombres que en su día a día no se permiten demostrar todo lo que llevan dentro.

Tras la victoria final vino la euforia absoluta, el creernos grandes, poderosos, con fuerza. El recuperar la fe en nosotros mismos, en que podíamos conseguirlo. Había nacido La Roja.

Dos años después llegó el Mundial, y de nuevo las dudas. Bueno si, ganamos la Eurocopa. Pero el Mundial es otra cosa. Porque además de Francia, Italia, y Alemania está Brasil. Y Argentina. ¿Cómo le vamos a ganar a Brasil o a Argentina? Es imposible. Que llevan el fútbol en la sangre, y  meten unos goles increíbles, ¿cómo les vamos a ganar? 

Mi niño tenía apenas unos meses, así que desde el primer partido, le dije a mi marido: vete a ver el partido con tus amigos, yo me quedo con centollito, no es lugar para él, con tanto jaleo, humo, los gritos... No te preocupes, quedan muchos partidos, porque llegaremos a la final. Nosotros iremos a ver la final.

Mi marido se reía con lo que él creía una gracieta, pero no lo era. Estaba convencida de que llegaríamos, porque yo creo en la fuerza de las personas, en la grandeza del equipo, en el poder que tenemos cuando creemos en lo que hacemos y luchamos por ello.

Y, por primera vez desde hace mucho tiempo, yo vi una sociedad que CREÍA en la selección, que creía en ese grupo de chavales que a base de trabajo, de compañerismo, de buen hacer, iban venciendo a los gigantes del futbol mundial. Por primera vez desde hace muchos, muchos años, todo el país creía en ellos, sin dudas, sin objeciones. Todos sabíamos que podían ganar, y les enviamos toda nuestra fuerza. Y ellos la recibieron.

Y como prometí, centollito y yo vimos la final con toda la panda. El resto de la historia no os la voy a contar, porque ya la sabemos todos. Ese día nos supimos grandes, nos dimos cuenta de que DE VERDAD, creyendo en algo, trabajando, luchando, y poniendo en ello todas las energías, no hay meta que no se pueda alcanzar.

Así que, con vuestro permiso, yo mañana voy a ver la final. Voy a emocionarme, voy a gritar, voy a saltar, y como ganemos, que ganaremos, podéis estar seguras de que voy a llorar. Porque este país necesita creer en la fuerza del equipo, en la grandeza de las personas, en que si de verdad nos unimos, creemos los unos en los otros y nos apoyamos sin condiciones, olvidándonos de colores y de gilipolleces, podemos conseguir lo que queramos. Necesitamos salir de la espiral de decepción y resignación en la que nos hemos metido, necesitamos reescribir la  historia, reescribir nuestra historia, como lo están haciendo los chicos de la Roja.

Mañana esos 20 chavales van a hacer historia, nuestra selección se va a convertir en la mejor de la historia del futbol, y vamos a cambiar el refrán: el futbol es un deporte en el que juegan 20 y siempre gana Alemania España. Mamá española en Alemania , si acaso ya se lo explicas tú a los teutones, se que lo harás gustosa ;)

Y el lunes empezamos a levantar España. Porque PODEMOS, por mucho que los políticos se empeñen en hacernos creer lo contrario. Sólo tenemos que creerlo, y empezar por levantarnos contra ellos.

lunes, 28 de mayo de 2012

La loba herida

Ayer conocí a una mamá... una loba herida.

Desde pequeña sufre una enfermedad degenerativa, y aunque actualmente puede valerse por si misma, pues la enfermedad por ahora apenas ha hecho mella en ella, la realidad es que en el futuro no podrá.

Una mamá a la que tras años persiguiendo el embarazo, cuando por fin lo consigue, la amniocentesis le da malas noticias. Y cuando acude a su familia en busca de abrazo, apoyo y comprensión para superar el mal trago, lo que obtiene es un "Cómo lo vas a tener? Cómo vas a cuidar a un hijo así cuando no puedas valerte por ti misma?" en lugar de "Haz lo que te diga tu corazón, nosotros te apoyaremos". Y ese hijo nunca nació.

Cuando superó el trance y consiguió un nuevo embarazo, los médicos se empeñaron en programar una cesárea, porque "ella no sería capaz". Pero la naturaleza, sabia como es, se adelantó más aún que los médicos, y con 22 días de adelanto nació una preciosa niña de parto vaginal.

Esta mamá deseaba dar el pecho, pero una vez más "Tú no podrás" "Te vas a agotar y tendrás qué dejarlo, mejor ni empezar, toma las pastillas para cortar la leche" y toda clase de comentarios minando su seguridad y su capacidad de ser madre. Hizo caso a quienes la querían y sabían más que ella de estas cosas, y las tomó, aunque siempre le quedará la duda de si habría podido hacerlo, de si sentiría ese pellizco especial del que hablan las mamás que amamantan.

En la vuelta a casa, en seguida comenzaron los comentarios de "no la cargues en brazos, es demasiado peso para tí" "déjala que llore un poquito, o se malacostumbrará y no te dejará descansar". Así ha sido desde entonces, comentarios realizados con toda la buena intención, pensando que la ayudan, que la protegen, que lo hacen por su bien y el de su niña, pero la realidad es que poco a poco han ido minando su confianza, le han hecho creer que no puede ser una buena madre, que no puede cuidar por sí misma a su niña, que debe dejar al resto hacer y decidir.

No se dan cuenta de que ahora es una mamá, y debe cuidar de su cría. No ven que le deben dejar espacio, refrendarla como madre, en lugar de hacerla sentir incapaz o fuera de lugar. No entienden que no es una inutil, que no está incapacitada, no ven que otras en peor situación que ella pudieron atender a sus hijos sin problema.

Me encantaría decirles que la dejen hacer, que ella puede, que sólo necesita confianza en sí misma y la seguridad de poder hacerlo, y para ello es imprescindible su apoyo. Que sus brazos, ahora debilitados, se harán más fuertes a base de cargar con su bebé, igual que lo hicieron los míos y los de todas las mamás. Que su cerebro estará más alerta para que no caiga ni tropiece, porque cuando eres mamá tu cerebro vigila tanto a tu bebé como a tu propia respiración, y quizás esa ligera descoordinación que padece mejore. Que quizas por su propia salud acabe dejándola llorar un poquito de noche, pero esa es una decisión que debe tomar ella, sólo ella y nadie más. Que lo que ví fue una madre desconectada de su bebé, y un bebé que anhela los brazos de su mamá.

Me gustaría hacerles ver la tristeza que se refleja en sus ojos, la frustración que asoma muchas veces en su mirada, por sentirse incapaz de hacer lo que, estoy segura, puede hacer.

miércoles, 23 de mayo de 2012

¿Cómo decirles que se equivocan?


El otro día me crucé a una pareja de conocidos que tienen un bebé de tan sólo un mes. Nos conocemos, nos saludamos, charlamos si coincide, pues tenemos cruces familiares, pero no tenemos trato directo.


Llevaban a su bebé en un portabebés, una de esas mochilas... mirando al frente. ¿Cómo decirles que no lo hagan, que es malo para su espalda? ¿Como darles la información que no han encontrado sin que se sientan insultados, sin que sienta que te crees más lista que ellos, que no piensen que mi impresión es que no se preocupan lo bastante por su hijo, que no investigan lo suficiente?

Otro día, otra pareja, un bebé de 12 meses que ya camina. Sentados tomando algo mientras la criatura corre hacia el peligro. No vayas por ahí. Te vas a hacer daño. No cojas tierra del suelo. No te lleves las piedras la boca, mira que eres malo que no haces ni caso. Tras esta frase se levantan a cogerlo : culo culo! qué desgracia por favor, - y dirigiéndose a mi - centollito es muy movido pero es que este niño es el demonio, mira que discurre. Y tras esto sueltan su mano y el pequeño vuelve a salir pitando en la misma dirección a hacer lo mismo. Vuelta a empezar, solo que el tono de voz va subiendo.
¿Cómo decirles que su bebé no es más que un bebé más? ¿Que no es malo, ni discurre maldades, sino que hace lo mismo que todos los niños: investigar?¿Cómo hacerles entender que si sólo se quedan a su lado cuando se cae, cuando come tierra, cuando grita, hará todas esas cosas con tal de que sus padres se queden a su lado?

Visito a una amiga, y está su madre con ella dándole la merienda a la peque. Le han preparado un tupper lleno de papilla de frutas. Tiene 15 meses y unos cuantos dientes, pero no sabe lo que es morder un plátano. No quiere la papilla, no le gusta, la escupe. Da igual, la papilla vuelve para dentro, así llore, tosa, se atragante. Siempre más, hasta que se acaba. ¿Como explicarles que no le hacen ningún favor forzándole a comer la fruta así? ¿Cómo hacerles entender que quizás las frutas, de una en una, si le gusten, y de este modo seguramente ya siempre las mirará con recelo y asco? ¿Cómo hacerles saber sin herirlas que obligándole a comer mucho más de lo que quiere le están llevando por el camino de la obesidad?

Qué difícil es con la gente que quieres, con los niños que adoras, encontrar la forma de decir, de hacer entender, sin herir. Yo al menos no encuentro el modo, porque lo intento, con toda la delicadeza y todo el cariño, pero lo debo hacer mal porque mis palabras caen en saco roto.

No lo puedo evitar, se me rompe el corazón viendo estas situaciones, me entristece cuando los papis se dejan arrastrar por lo que hace la corriente, muchas veces sin cuestionarse si es lo mejor para SU bebé, pero me duele especialmente cuando ya les desbordan y no son capaces de hacer otra cosa que mostrar rechazo hacia ellos, cuando con un poquito más de empatía y paciencia todo sería más facil y llevadero.

sábado, 26 de noviembre de 2011

Comprar en tiempos de crisis (micropost)

Estoy esperando en la cola de Zara para pagar un plumas para mi niňo. En la caja un matrimonio joven con una niña de unos 10 años y un montón de ropa para ella. La caja pita, la cajera anuncia: 431 euros. Yo enmudezco, mi niño enmudece, la tienda entera enmudece. Ellos, ajenos a todo, cojen su bolsa y se van, mientras el resto soñamos con el día en que podremos gastar así, con despreocupación y alegría, 431 euros en comprar ropa sólo para una persona y de una temporada.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Madres que no saben ser comadres

Soy de la opinión de que una mamá siempre, siempre, debe considerar a su hijo el mejor. Desde bebé, cada logro que alcanza,  cada pequeña mejora,  debe recibir siempre la merecida atención. Bajo mi punto de vista ese orgullo maternal es imprescindible para que el niño crezca con la necesaria seguridad en sí mismo, y es que no hay nada como ver la cara de orgullo de una madre para reforzar la autoestima de un niño.

Es por ello que, desde que nació mi bichín, he compartido cada pequeño logro con mi entorno con el mismo orgullo que si hubiera alcanzado las más altas metas. ¿Que mi niño se da la vuelva por primera vez? Lo grabo en vídeo, aviso a todo el mundo y lo subo a facebook, para que todos puedan verlo. ¿Que se pone de pie él solito en la cuna? Que no falte la foto para inmortalizar el momento, por supuesto enviada a todo el mundo y compartida en las redes sociales. ¿Que por fin se arma de valor y comienza a dar pasitos agarrado al sofa? Por favor, como buena madre babeante lo comparto hasta con la que me vende el pan. ¿Que me suelta un hermoso MAMÁ por primera vez que me deja temblando? Lo achucho como si hubiera ganado el Nobel, y acto seguido procedo a comunicárselo a toda la familia, amigos, redes sociales, vecinos y viandantes en general. ¿Que por fin se suelta del sofa y se va andando solito a ver mundo? Llamo a todo el mundo emocionada, lo grabo para que puedan verlo, lo subo a las redes sociales, lo envío y reenvío, y no paro de babear y babear.

En ese creciente orgullo maternal no tiene cabida la comparación. A mí me da igual si la hija de la vecina del quinto hizo todas esas cosas cinco meses antes o tres después que mi niño; me da exactamente igual si mi bichito empezó a andar muy pronto o muy tarde, si dijo su primera palabra antes que ningún bebé de su misma edad que conozcamos o si en general cualquiera de sus logros suceden antes o despues de lo que se estima "normal", y sobre todo ME DA EXACTAMENTE IGUAL si lo hace antes o después que otros bebés de su edad.


Eso no quiere decir que menosprecie los logros de otros niños, sino todo lo contrario. Cada logro de cada niño (o bebé) que conozco recibe toda la admiración y todo el reconocimiento que merece por mi parte, y su madre recibe de mí las más sinceras felicitaciones. Porque, repito, considero que las mamás debemos estar orgullosas de nuestros hijos.
Y si yo, en lugar de decirle, "qué bien, así que ya dice mamá! Que maravilla, es tan emocionante escucharlo" le dijera "Ah si? El mío ya lo dice desde hace dos meses". O cuando su nena por fin se suelta a andar, "Ah, ya anda? El mío se soltó a los siete meses, fíjate que ahora ya corre y todo", comprenderéis que estoy dinamitando ese orgullo de madre, y al mismo tiempo atentando también contra la autoestima de la criatura en cuestión.

Por desgracia, hay demasiadas madres que confunden términos y caen en esa estúpida competitividad de "el mío más", algunas llegando a puntos tan extremos y ridículos como inventarse logros inexistentes. Yo me he encontrado con mamás que, al decir yo que mi niño se había soltado a andar solito, me decían que el suyo también  cuando sólo unos días antes ni siquiera se tenían en pie solitos... que afirmaban haber escuchado "mamá" desde los tres o cuatro meses, o que directamente se inventan la altura de la criatura, dando como resultado criaturas de un desarrollo extraordinario, y también menguantes, que un mes miden 75, al siguiente 80 (sí, 5 cm en un mes.... todos los meses... con más de un año), al siguiente 78, un mes despues 83... ejem ejem....

Dejando a un lado el comportamiento enfermizo de inventarse cosas (alguna debería mirárselo), el competir en los logros de los niños me parece ya no sólo una tontería supina, sino una falta de empatía para con las otras madres. Creo que es primordial que las madres sepamos ser también comadres, que valoremos la importancia de respetar el orgullo de las otras mamis, que aprendamos a escucharnos las unas a las otras, que nos respetemos entre nosotras, que respetemos el orgullo de cada mamá por su retoño. Con ello no solamente conseguiremos una mayor y mejor sintonía entre nosotras, sino que estaremos contribuyendo al correcto desarrollo de la autoestima de su pequeñín.

Así que queridas, practiquemos todas, aprendamos a ser comadres. Controlemos ese desmedido impulso de saltar con un "pues el mío....!!!" cada vez que otra mami nos habla de su niño. Aprendamos a escuchar, a comentar, a aplaudir lo que nos cuenta, a comprender su orgullo, y sobre todo a no comparar por comparar. ¡Disfrutemos el momento de cada una!.

lunes, 24 de octubre de 2011

¡Feliz lunes!

martes, 18 de octubre de 2011

Una de cumpleaños

Con la incorporación de mi niño a la guardería hemos entrado en la dinámica de los eventos... comenzando con los cumpleaños. No ha sido una fiesta, sino las famosas bolsas de chuches. Ya es la tercera vez que mi bichito viene de la guardería con una de esas bolsitas. Las dos anteriores me parecieron muy acertadas, pero en esta ocasión al ver el contenido me he quedado anonadada. No perdáis detalle:

Una gominola
Un sugus
Una mariquita de chocolate 
Un palotes
Un paquete de escalofrios
Un chupa chups
Un lolipop
Una bolsa de gusanitos
Una bolsa de monchitos....
... y un globo

¡Todo esto para un niño de año y medio! Sinceramente, me parece ya no una exageración, sino una sandez. Dos tipos de "chupa", dos "bolsas de", y cinco tipos distintos de "caramelos". Para un niño, repito, de año y medio. ¿Qué enviarán cuando el crío tenga diez años?. En las ocasiones anteriores la bolsita consistía en unos gusanitos, un chupa o piruleta, un globo y algún caramelo si acaso... mucho más acertado y más que suficiente para críos tan pequeñitos, ¿no creéis?

Espero que no cunda el ejemplo...

domingo, 28 de agosto de 2011

Una película

Escena 1
Vista general. Se ve una minúscula casita, de esas conocidas como "fin de semana".

A un lado de la casa, una larga mesa, llena de gente que parece ser familia, comiendo. Adultos de todas las edades comparten comida, comentarios y risas. Sólo hay un niño, de poco más de un año. Sentado en su trona, entre sus padres, comparte con ellos su comida.

Al otro lado de la casita, 2 sillitas de niño, tumbadas las dos, con sendos bebés durmiendo dentro, uno de 5 meses y otro cercano al año. No hay contacto visual entre ellos y sus padres. No hay escuchabebés ni cámara de vigilancia. Nadie los ve ni los oye, nadie los vigila. Eventualmente, alguien que se levanta al baño o a coger algo del interior de la casa avisa: "chiquirrinín llora" o "nontaenano está despierto". Uno de sus progenitores se acerca, se apura a dormirle y vuelve a su sitio para continuar la cuchipanda.

Escena 2
El reloj avisa: hora de la merienda. Los aplicados padres comienzan a alimentar a su vástagos.
"Notanenano" es regalado con un delicioso potito multifrutas tamaño XL. Acepta las primeras cucharadas de buen grado, al acercarse a mitad de potito empieza a rechazar, torcer la cara, cerrar la boca. Su mamá, implacable, aprovecha cualquier apertura de boca para meter la cuchara en la boca. Si es necesario tapar la nariz, se tapa. No queda del potito casi ni el bote.
Chiquirrinín, aún sentado en su silla, recibe tambien su potito multifrutas, aunque tamaño mini. Intenta resistirse desde la primera cucharada, protesta, se revuelve, deja escurrir el potito por la comisura de los labios... pero mamá insiste, implacable. A la cuarta cucharada comienza a llorar, y entonces abuela toma el relevo, y aprovecha cada sollozo para meter una cucharada. Chiquirrinín llora desesperado, con la boca llena de potito y tosiendo de vez en cuando. Papá se acerca:  "túmbalo, así lo traga mejor". Y se vuelve a ir. Abuela continúa implacable, mamá se rinde un poquito y lo toma en brazos, pero la merienda continúa. El potito sale igual que entra, pero abuela no se rinde. Mamá decide probar con el biberón; chiquirrinín al verlo comienza a llorar desconsoladamente, queda claro que lo está pidiendo a gritos. Abuela insiste hasta que el salvador biberón llega, y chiquirrinín se agarra a él y lo toma con ansia. Como cada día será incapaz de acabarlo "por las buenas", pero esa es otra historia y la contaremos en otro momento.


¿Título de la película?

viernes, 19 de agosto de 2011

Los niños estaban solos (Jorge Bucay)

Su madre se había marchado por la mañana temprano y los había dejado al cuidado de Marina, una joven de dieciocho años a la que a veces contrataba por unas horas para hacerse cargo de ellos a cambio de unos pocos pesos.
 Desde que el padre había muerto, los tiempos eran demasiado duros como para arriesgar el trabajo faltando cada vez que la abuela se enfermaba o se ausentaba de la ciudad.

 Cuando el novio de la jovencita llamó para invitarla a un paseo en su coche nuevo, Marina no dudo demasiado. Después de todo los niños estaban durmiendo como cada tarde y no se despertarían hasta las cinco.

 Apenas escucho la bocina cogió su bolso y descolgó el teléfono. Tomo la precaución de cerrar la puerta del cuarto y se guardo la llave en el bolsillo. Ella no quería arriesgarse a que Pancho se despertara y bajara las escaleras para buscarla, porque después de todo tenia solo seis años y en un descuido podía tropezar y lastimarse. Además, pensó, si eso sucediera, ¿como le explicaría a su madre que el niño no la había encontrado?

 Quizás fue un cortocircuito en el televisor encendido o alguna de las luces de la sala, o tal vez una chispa en el hogar de leña; el caso es que cuando las cortinas empezaron a arder el fuego rápidamente alcanzo la escalera de madera que conducía a los dormitorios. La tos del bebe debido al humo que se filtraba por debajo de la puerta lo despertó. Sin pensar, Pancho salto de la cama y forcejeo con el picaporte para abrir la puerta pero no pudo.

De todos modos, si lo hubiera conseguido, el y su hermanito de meses hubieran sido devorados por las llamas en pocos minutos. Pancho grito llamando a Marina, pero nadie contesto su llamada de auxilio. Así que corrió al teléfono que había en el cuarto (el sabia como marcar el numero de su mama) pero no había línea. Pancho se dio cuenta que debía sacar a su hermanito de allí. Intento abrir la ventana que daba a la cornisa, pero era imposible para sus pequeñas manos destrabar el seguro y aunque lo hubiera conseguido aun debía soltar la malla de alambre que sus padres habían instalado como protección.

Cuando los bomberos terminaron de apagar el incendio, el tema de conversación de todos era el mismo: "¿Como pudo ese niño tan pequeño romper el vidrio y luego el enrejado con el perchero? ¿Como pudo cargar al bebe en la mochila? ¿Como pudo caminar por la cornisa con semejante peso y bajar por el árbol? ¿Como pudo salvar su vida y la de su hermano?"

 El viejo jefe de bomberos, hombre sabio y respetado les dio la respuesta:
 -Panchito estaba solo... No tenía a nadie que le dijera que no iba a poder.