Ahora si que os he sorprendido, ¿a que si? Apuesto a que lo último que esperábais ver en mi blog era una entrada apoyando a la selección de fútbol. Pues si, hoy le voy a dedicar una entrada, a ella, LA SELECCIÓN, La Roja.
Se que hay quien está muy quemado con esto, que no entiende cómo la gente puede dar tanta importancia y prestar tanta atención a 10 tipos jugando en calzones cuando el país está como está. Y se me ocurre una mami en concreto (hola maja!) que me levantará la ceja cuando vea que tuiteo este post. Tranquila, que todo tiene explicación ;)
Desde que tengo uso de razón recuerdo ver a mi padre y a mi hermano sufrir viendo los partidos de la selección. Les recuerdo nerviosos, saltando, sufriendo, animando... les recuerdo abrazándose con los goles, celebrar como nunca más lo hacían. Y la historia siempre acababa igual: en decepción. Cada vez que nuestra selección acudía a una competición importante yo veía la misma película; se titulaba "Derrotada en cuartos", y al final siempre dejaba ese regusto de "da igual lo que pelees, el final siempre es el mismo: la derrota".
Con el paso de los años la situación no cambió, y volví a ver esa misma película una y otra vez, y otra vez, a veces con las amigas, con amigos, pandillas, parejas... y siempre el mismo final y el mismo regusto a desesperanza, a que da igual cuanta intención pongas, lo que luches, lo que desees, lo que hagas; siempre acaba mal.
Hace cuatro años, en la anterior Eurocopa, recuerdo las miradas ilusionadas pero a la vez temerosas de mi marido y sus amigos mientras veían cada partido. Su mirada era la de el niño que espera ilusionado que los reyes le hayan traído el regalo que ha pedido, que sabe que es muy muy difícil, pero no pierde la esperanza, aunque en el fondo de su corazón cree que no lo tendrá, porque es muy caro. Tras cada partido esa mirada brillaba más, la esperanza cada vez era más evidente, y pronto se convirtió en verdadera ilusión. Y esos abrazos tras los goles, esa orgía de emociones que normalmente no se dejan salir... no se a vosotras, pero a mí, personalmente, me parece un ejercicio maravilloso para todos esos hombres que en su día a día no se permiten demostrar todo lo que llevan dentro.
Tras la victoria final vino la euforia absoluta, el creernos grandes, poderosos, con fuerza. El recuperar la fe en nosotros mismos, en que podíamos conseguirlo. Había nacido La Roja.
Dos años después llegó el Mundial, y de nuevo las dudas. Bueno si, ganamos la Eurocopa. Pero el Mundial es otra cosa. Porque además de Francia, Italia, y Alemania está Brasil. Y Argentina. ¿Cómo le vamos a ganar a Brasil o a Argentina? Es imposible. Que llevan el fútbol en la sangre, y meten unos goles increíbles, ¿cómo les vamos a ganar?
Mi niño tenía apenas unos meses, así que desde el primer partido, le dije a mi marido: vete a ver el partido con tus amigos, yo me quedo con centollito, no es lugar para él, con tanto jaleo, humo, los gritos... No te preocupes, quedan muchos partidos, porque llegaremos a la final. Nosotros iremos a ver la final.
Mi marido se reía con lo que él creía una gracieta, pero no lo era. Estaba convencida de que llegaríamos, porque yo creo en la fuerza de las personas, en la grandeza del equipo, en el poder que tenemos cuando creemos en lo que hacemos y luchamos por ello.
Y, por primera vez desde hace mucho tiempo, yo vi una sociedad que CREÍA en la selección, que creía en ese grupo de chavales que a base de trabajo, de compañerismo, de buen hacer, iban venciendo a los gigantes del futbol mundial. Por primera vez desde hace muchos, muchos años, todo el país creía en ellos, sin dudas, sin objeciones. Todos sabíamos que podían ganar, y les enviamos toda nuestra fuerza. Y ellos la recibieron.
Y como prometí, centollito y yo vimos la final con toda la panda. El resto de la historia no os la voy a contar, porque ya la sabemos todos. Ese día nos supimos grandes, nos dimos cuenta de que DE VERDAD, creyendo en algo, trabajando, luchando, y poniendo en ello todas las energías, no hay meta que no se pueda alcanzar.
Así que, con vuestro permiso, yo mañana voy a ver la final. Voy a emocionarme, voy a gritar, voy a saltar, y como ganemos, que ganaremos, podéis estar seguras de que voy a llorar. Porque este país necesita creer en la fuerza del equipo, en la grandeza de las personas, en que si de verdad nos unimos, creemos los unos en los otros y nos apoyamos sin condiciones, olvidándonos de colores y de gilipolleces, podemos conseguir lo que queramos. Necesitamos salir de la espiral de decepción y resignación en la que nos hemos metido, necesitamos reescribir la historia, reescribir nuestra historia, como lo están haciendo los chicos de la Roja.
Mañana esos 20 chavales van a hacer historia, nuestra selección se va a convertir en la mejor de la historia del futbol, y vamos a cambiar el refrán: el futbol es un deporte en el que juegan 20 y siempre gana
Y el lunes empezamos a levantar España. Porque PODEMOS, por mucho que los políticos se empeñen en hacernos creer lo contrario. Sólo tenemos que creerlo, y empezar por levantarnos contra ellos.

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