Escribo para advertiros de que un peligroso bandolero anda suelto por la ciudad. Es cruel y despiadado, se aprovecha de los momentos de indefensión para realizar sus fechorías.
Debo admitir mi parte de culpa al no darme cuenta de los garrafales errores cometidos que pusieron en serio peligro mi integridad. Os cuento:
Mamacentolla que va al baño.
Uiva, la roja. ¡Vaya qué inoportuna! ¿y ahora cómo...? Ai que no llego... joe... estoooo... centollito hijo, ya que estás ahí que nimearagustopuedo... miraaaaa me cojes eso de ahíiiiii.... no, al lado... no, lo otro... si, ¡¡eso eso!!
Error nº1: No darse cuenta de que el tras la incente sonrisa se encontraba el peligroso bandolero. No realizar la maniobra de apertura y despegado con disimule. Permitir que tan interesante maniobra llame la atención del bandolero sobre tan peculiar objeto. ¡ERROR!
Error nº2: no impedir que el susodicho bandolero conocido como centollito coja una de esas cosas tan interesantes y salga corriendo para comprobar si como él sospecha la cosa esa se puede abrir y pegar donde quiera. ¡ERROR ERROR!
Error nº3 no esconder el paquete en algún mueble a 3 metros de altura donde el bandolero no pueda ni verlo ni alcanzarlo, con la esperanza de que olvide el asunto con prontitud. ¡ERROR, ERROR, ERROR!
Resultado: el temible bandolero popularmente conocido como centollito asalta puntualmente el cajón para huir cual alma que lleva el diablo con un buen cargamento, para luego disfrutar en la intimidad del placer de abrir - separar - pegar.
Si por desgracia se cruzan al bandolero en cuestión huyan sin dudar un instante, va armado con grandes dosis de encanto y una sonrisa conquistadora, armas que utiliza para interrogar a sus víctimas y obtener de ellas las más diversas alhajas, motivo por el que se le considera altamente peligroso.
En los próximos días facilitaremos un retrato robot.
Debo admitir mi parte de culpa al no darme cuenta de los garrafales errores cometidos que pusieron en serio peligro mi integridad. Os cuento:
Mamacentolla que va al baño.
Uiva, la roja. ¡Vaya qué inoportuna! ¿y ahora cómo...? Ai que no llego... joe... estoooo... centollito hijo, ya que estás ahí que nimearagustopuedo... miraaaaa me cojes eso de ahíiiiii.... no, al lado... no, lo otro... si, ¡¡eso eso!!
Error nº1: No darse cuenta de que el tras la incente sonrisa se encontraba el peligroso bandolero. No realizar la maniobra de apertura y despegado con disimule. Permitir que tan interesante maniobra llame la atención del bandolero sobre tan peculiar objeto. ¡ERROR!
Error nº2: no impedir que el susodicho bandolero conocido como centollito coja una de esas cosas tan interesantes y salga corriendo para comprobar si como él sospecha la cosa esa se puede abrir y pegar donde quiera. ¡ERROR ERROR!
Error nº3 no esconder el paquete en algún mueble a 3 metros de altura donde el bandolero no pueda ni verlo ni alcanzarlo, con la esperanza de que olvide el asunto con prontitud. ¡ERROR, ERROR, ERROR!
Resultado: el temible bandolero popularmente conocido como centollito asalta puntualmente el cajón para huir cual alma que lleva el diablo con un buen cargamento, para luego disfrutar en la intimidad del placer de abrir - separar - pegar.
Si por desgracia se cruzan al bandolero en cuestión huyan sin dudar un instante, va armado con grandes dosis de encanto y una sonrisa conquistadora, armas que utiliza para interrogar a sus víctimas y obtener de ellas las más diversas alhajas, motivo por el que se le considera altamente peligroso.
En los próximos días facilitaremos un retrato robot.


2 comentarios:
jajaja, que gracia me ha hecho!aqui lo vivo con total naturalidad para que las niñas se vayan haciendo a la idea...
Jajaja! Qué bueno! Lo mejor es que se lleva el botín para disfrutarlo en la intimidad, ¡me encanta centollito!
Un beso
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