El sábado pasado, aprovechando que ya desde primera hora de la mañana lucía el sol y la temperatura era agradable, salí a pasear y hacer unos recados con mi niño.
Cuando ya volvíamos a casa pasamos por delante de una tienda de juguetes, y como aún era temprano entramos a buscar un puzzle adecuado a la edad de mi bichito. Como siempre que vamos a esa juguetería, pregunté a un dependiente en concreto, un chico majísimo que siempre me atiende genial, explicándome todo y dándome buenos y valiosos consejos. Se nota que le gusta su trabajo y que sabe de lo que habla, por lo que es un gusto preguntarle cuando necesitas consejo.
Finalmente mi niño y yo encontramos lo que queríamos, gracias a sus fabulosas explicaciones, así que nos dirigimos a la caja para pagar. Mientras esperábamos el chico comentó con la compañera que estaba cobrando que iba a cerrar ya la puerta, que ya era hora de cerrar, y que era mejor que apagara también la música, pues había gente al fondo de la tienda. Era la una y media del mediodía.
Cuando salimos nos saludó a ambos, a mi niño con mucha simpatía, y justo cuando iba a cerrar de nuevo la puerta se acercó una chica con una niña, toda apurada:
-. ¡Déjame entrar un momentito por favor, que es sólo cojer una cosa!
- Lo siento, es que ya hemos cerrado. Puedes venir a las 4, que ya estamos abiertos.
- Pero si es un momento, déjame entrar, que a la tarde me viene fatal venir hasta el centro...
- Lo siento...
Escuché estas palabras mientras me alejaba de la tienda, y en seguida pensé "Qué raro. Con lo majo que es este chico siempre, lo bien que atiende, siempre tan majo con los clientes... ¿qué más le dará dejarla entrar un momento"
- Lo siento, es que nosotros tambien nos queremos ir a casiña a comer con la familia, que luego estamos aquí toda la tarde.
Al escuchar esas palabras me sentí profundamente... gilipollas, esa es la palabra, por ponerme de parte de la chica y no pensar para nada en el chico. Yo aquí dando caña con Conciliación Real Ya, y se me olvidaba algo tan básico como que EL RESTO TAMBIÉN TIENEN VIDA PROPIA, cosa que se nos olvida casi siempre cuando entramos en un comercio.
Tenemos mucho que cambiar en nuestra sociedad, empezando por nuestra mentalidad, la de todos, y la mía la primera.
Prometo no volver a ser tan gilipollas, y prometo de ahora en adelante fijarme más en qué hora es antes de entrar en una tienda.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
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